En el puente sobre el río Cabalar situado en el municipio de Vilasantar hubo tres accidentes el domingo. En los últimos meses dos personas perecieron en esta vía
06 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Los servicios de emergencias tienen claro que la carretera AC-840, a su paso por Vilasantar, es uno de los puntos negros de la provincia. Incluso la alcaldesa de este Ayuntamiento, la nacionalista Manuela García Freire, ha denunciado la alta siniestralidad que hay en esta carretera, donde han perdido la vida dos personas en los últimos meses.
El domingo hubo dos accidentes en el mismo punto y un tercero a menos de un kilómetro. Fue casi un milagro que el saldo final de heridos no fuese más grave. En torno a la una de la tarde el coche en el que viajaban los cinco miembros de una familia se precipitó desde el puente hasta el río Cabalar. Dos de los tres chavales que iban en los asientos traseros pudieron salir por el maletero y alertar a los servicios de emergencias de Arzúa, que son los encargados de esta zona. Salieron del parque a las 13.08 y llegaron trece minutos más tarde al puente conocido como Ponte do Sapo.
Contra un árbol
Allí descendieron hasta el lugar donde se quedó empotrado el coche contra un árbol y fueron liberando a los accidentados. El último y más laborioso rescate fue el del conductor, ya que su habitáculo quedó empotrado contra el bosque.
Los servicios de salvamento temieron en un primer momento por el estado del padre de familia e incluso se llegó a movilizar a un helicóptero para evacuarlo al hospital, aunque finalmente no fue necesario. Una ambulancia lo trasladó al Complexo Hospitalario Universitario A Coruña con varias fracturas y los sanitarios calificaron su estado de grave, pero no se teme por su vida. Cuando los bomberos de Arzúa se disponían a abandonar la zona presenciaron como otro coche volvía a accidentarse y a llevarse por delante la barandilla del puente que quedaba en pie.
El conductor del vehículo se sobresaltó cuando vio el camión de los contraincendios en el arcén y clavó el pie en el freno, pero solo consiguió comenzar a dar bandazos y casi arrolla a los bomberos que contemplaron, atónitos, el segundo siniestro. El turismo quedó suspendido en el puente y el conductor tuvo que saltar desde su puerta, en el aire, hasta la calzada. Le ayudaron los bomberos, que después pasaron otra media hora retirando el vehículo. «El conductor estaba bastante impresionado, al igual que la familia», explicó uno de los responsables del servicio, que resaltó la importancia que pudo tener la velocidad en ambos siniestros.
Por la noche, se registró el tercer siniestro, en el que dos chicas terminaron con heridas, aunque sin importancia. Lo que sí sufrieron, al igual que el resto de los accidentados de la jornada, fue un susto importante, a pesar de que no quedaron suspendidas en el puente.