En el año 2004, el cantante de Dorian, Marc Gili, decía que, ante el descompensado estado del pop nacional, le entraban ganas de gritarle al público: «¿Pero no veis que hay grupos que venden 500 discos que están haciendo las canciones de vuestra vida?». Tres años después uno de sus temas, la célebre A cualquier otra parte, no solo demostró que se puede triunfar con un pop inteligente, arriesgado y contemporáneo, sino que se erigió en un himno. Sí, de esos que musican la película vital de centenares de personas.
Ahora retornan con La ciudad subterránea, su tercer disco. De nuevo, apuestan por el pop electrónico con intenciones bailables, pero con varios cambios por el camino. Hoy, a las 19 horas, lo presentarán en el fórum de la Fnac en un concierto acústico. La entrada es gratuita.
-Dejan a un lado el tono político de su anterior disco. ¿Había esa intención?
-Sí, aunque sean cosas que nos siguen interesando no queríamos convertirnos en un grupo previsible El hecho de ser una banda de pop electrónico y hablar de temas de corte social chocó mucho en su momento. Ahora, en La ciudad subterránea, abordamos el problema desde otro punto de vista, que es el de la lucha por una vida auténtica en una sociedad aborregada en la que ya no queda espacio para las ideologías.
-Noche, baile, drogas, amaneceres,... ¿Estamos ante un disco «after-hours»?
-Es un disco nocturno y muy inspirado en las cosas que nos pasaron en la carretera en los dos últimos años. Son historias reales de gente y, entre otras cosas, están ahí las drogas, en muchos casos en su lado oscuro. Al componer a uno le sale lo que le preocupa inconscientemente. En ese sentido, este disco es nuestro Retrato de Dorian Gray.
-Existe cierto poso de amargura en esas historias
-Hablan de personajes que quieren escapar del molde en el que nos quieren meter a todos desde que vamos a la escuela. Por eso, a veces sufren y se pierden. En ese sentido, este disco podría ser la crónica de una lucha por la libertad individual frente a los cánones, lo miedos y las reglas de la sociedad.
-¿Sintieron la presión de repetir un éxito como el de «A cualquier otra parte»?
-Al principio sí que lo notaba. Pero sabemos lo suficiente sobre música como para ver que, cuando los grupos pretenden repetir un éxito natural y espontáneo como el que tuvimos nosotros, fracasan en el intento. Nos dijimos: «Vamos a tirar la mochila de la presión y vamos a tocar por el puro placer de hacerlo». Y las canciones fueron saliendo una a una con fluidez.