José Prado, un coruñés que logró huir de Abu Dabi: «Tuvimos que bajar con mis hijas, de 10 y 13 años a un búnker improvisado en el hotel»

Silvia Penelas / T. Rivas A CORUÑA

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José Prado, un coruñés residente en Madrid
José Prado, un coruñés residente en Madrid

Consiguieron regresar el martes a Madrid gracias a la insistencia de su mujer, que pudo reservar y pagar de su bolsillo cuatro billetes con la compañía Etihad Airways

06 mar 2026 . Actualizado a las 22:28 h.

Lo que debían ser unas vacaciones de ensueño en familia en los Emiratos Árabes Unidos se transformaron, en cuestión de horas, en una pesadilla de misiles, refugios improvisados y una tensa espera para regresar a casa. José Prado, un coruñés residente en Madrid, relató en el programa Voces de A Coruña, de Radio Voz el calvario vivido junto a su mujer y sus dos hijas, de 10 y 13 años, tras el estallido del conflicto en Oriente Medio.

La familia llegó a Abu Dabi un jueves por la noche con la intención de disfrutar de unos días de turismo. Sin embargo, el sábado por la tarde la realidad los golpeó de forma abrupta. José recuerda cómo, mientras se encontraba en un parque temático, los teléfonos móviles comenzaron a emitir un «sonido estridente» con mensajes de alerta en árabe e inglés que instaban a buscar refugio inmediato. «Nos fuimos al hotel corriendo y allí pasamos la tarde viendo noticias; por la noche tuvimos que bajar a un auditorio reconvertido en una especie de búnker improvisado por el hotel que nos sirvió de refugio», explicó Prado. Junto a ellos, familias con niños de todas partes del mundo, se encontraban en la misma situación.

La situación alcanzó su punto más crítico la madrugada del lunes. Tras despertarse por el sonido de las sirenas antiaéreas, José fue testigo directo de la magnitud del ataque desde la cristalera de su habitación en el hotel Fairmont: «Llegué a ver dos fogonazos de fuego antiaéreo; lo teníamos a escasos 500 metros de nuestra ventana». La proximidad del Ministerio de Defensa de los Emiratos Árabes convirtió su alojamiento en una zona de alto riesgo. En medio del caos, la prioridad absoluta fue mantener la calma frente a sus hijas, especialmente la menor, de 10 años, que se mostraba muy sensible ante la situación. «Haces lo que puedes en ese momento, que es algo totalmente excepcional y que no has vivido nunca», confiesa.

Una de las anécdotas más humanas de este suceso fue el silencio que José y sus hermanas mantuvieron con su madre, residente en A Coruña, para evitarle un sufrimiento innecesario. «A mi madre la mantuve al margen para que no lo pasase mal, fue mejor que no lo supiese y se preocupase más de lo debido», relató el coruñés. No fue hasta que aterrizó en Madrid cuando la mujer se enteró de que su hijo había estado en el epicentro del conflicto.

El regreso no fue fruto de una operación de repatriación oficial, sino de la pericia de su mujer, que logró reservar cuatro plazas en el primer vuelo disponible de Etihad Airways a través de una aplicación móvil tras la cancelación de su vuelo original. Prado aclara que ellos costearon sus propios billetes: «Nosotros pagamos nuestro billete, no fue una repatriación pagada por todos». Tras un traslado exprés en un autobús escolar hacia el aeropuerto, la familia vivió los 25 minutos más largos de su vida durante el despegue, consultando incluso herramientas de inteligencia artificial para saber a qué altitud estarían a salvo de los proyectiles. «Estábamos mirándonos mi mujer y yo, cogiéndonos la mano y rezando, disimulando con las niñas al lado y sonriendo como que todo está bien», recordó con emoción.

Ya a salvo en Madrid, José Prado mira hacia atrás con el alivio de haber dejado atrás el fuego antiaéreo, valorando la suerte de estar de vuelta. Aunque sus hijas ya han retomado su rutina escolar, para este coruñés la experiencia quedará marcada como «una anécdota bastante dura» que, afortunadamente, terminó con toda la familia sana y salva.