La Fundación María José Jove presenta una innovadora fórmula de aeróbic adaptado para discapacitados
17 sep 2009 . Actualizado a las 10:40 h.En el largo camino de la recuperación de un lesionado medular también puede haber momentos de diversión. Cada paso que se avanza cuesta un siglo, pero algunos profesionales consideran que hay fórmulas para no convertir el gesto en un ambiente dramático sino relajado, casi ocioso. Es una de las lecciones que se desprenden del foro sobre Autonomía Personal y Actividad Física, que organizan la fundaciones María José Jove y Repsol.
Ayer se celebró una intensa última jornada con actividades en el medio acuático, un taller de Boccia y otro de aeróbic adaptado, una de las revoluciones de la modalidad y que tiene como objetivo integrar a todo tipo de pacientes. La profesora Nuria Mendoza innovó esta disciplina en 1995 durante su etapa en la localidad cacereña de Alhuéscar. «Yo venía del mundo del aeróbic y los usuarios del centro en el que trabajaba me decían que mover las pesas era muy aburrido», explica Mendoza, que muestra sus tesis por primera vez en Galicia.
«Al principio la música era de fondo, hacíamos pequeñas coreografías y desplazamientos con sillas de ruedas, y al final logramos ejercicios muy interesantes», añade Nuria, natural de León y con un largo recorrido con lesionados medulares. Recuerda que, en su etapa extremeña, también aplicó sus nuevas teorías en el instituto en el que colaboraba. «Había un estudiante en silla de ruedas y para integrarlo todos los demás tenían que actuar desde sus sillas, mientras él daba dos rodadas los otros se levantaban y daban dos pasos con la silla pegada», añade Mendoza, que tras ocho años asistiendo en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, hoy trabaja en el centro estatal de León, donde atiende a unos 140 usuarios. Ayer se encargó de impartir sus teorías a monitores, fisioterapeutas e integrantes de asociaciones de discapacitados.
«Un equipo de baloncesto en silla de ruedas me propuso hacer un vídeo a lo Jane Fonda para distribuir», recuerda entre risas. Mientras lo explica, sus alumnas aplican las enseñanzas que les dirige una monitora. Levantan la silla a izquierda y derecha. El esfuerzo es generoso. Por último, suena Enya. Es el momento de relajarse. La clase ha concluido. Luego la aplicarán a verdaderos discapacitados.