La compañía de sus padres ha hecho que los alumnos de las escuelas infantiles no se enfrenten solos a su primer día de clase
03 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Ni lágrimas, ni sollozos, ni una sola mirada triste. Los alumnos de la escuela municipal infantil Arela estaban ayer más contentos que un ocho. Lejos de ser una jornada traumática, su primer día de clase se transformó en la visita a un aula llena de juguetes, en la que tuvieron la compañía de sus seres más queridos: sus padres.
Este período de adaptación no es nuevo en este centro educativo, que desde su puesta en funcionamiento ha querido que la integración de los pequeños se vaya haciendo de forma paulatina, para que los alumnos -de 0 a 3 años- vayan asumiendo el papel que tienen que desarrollar en la escuela. La directora de Arela, Berta Corral, explicó que «este proceso de adaptación se realizará mientras los niños los necesiten. Empezamos esta semana con una hora, y luego vamos aumentando el tiempo y pedimos que los padres salgan de clase durante diez o quince minutos. Normalmente, en dos semanas los niños ya están adaptados, aunque no es la primera vez que hay padres que todavía tienen que venir en octubre».
Los alumnos que ya han estado otros años en el centro son los que menos notan el cambio y los que más pronto asumen que sus padres se marcharán tarde o temprano, «ya que también son los más conscientes. A los que menos les cuesta integrarse es a los bebés, aunque cuando empieza uno a llorar, lloran los ocho», confesó Corral.
Además de la compañía de sus padres, otro aliciente de este primer día del curso escolar es que todos han cambiado de clase, por lo que ayer se dedicaron a investigar todos los rincones de la nueva clase, así como a utilizar todos los puzles y juguetes de los que dispone.
«No pasa nada»
Los nuevos alumnos son los que se enfrentan con más miedo a su entrada en el cole. «Había una niña que iba repitiendo: 'No pasa nada, no pasa nada, no pasa nada'. Su madre debió de decirle que en el cole no le iba a pasar nada, y ella no paraba de repetirlo», recordó Berta Corral.
Tampoco Sofía Abad, de 2 años, se tomó con mucha alegría su vuelta a la escuela. Su madre, Ana López, confesó que «no le dije nada de que veníamos al cole, pero cuando ya estábamos de camino me dijo: 'Mamá, aquí no'». Sin embargo, una vez que llegó a Arela, la pequeña asumió con bastante normalidad su primer día de clase, ya que se encontró con otros compañeros de años anteriores y con su profesora de siempre.
«Yo creo que de momento lo lleva bien. Este es el tercer año que viene a esta escuela y ya conoce a la profe. Yo pensé que iba a ser peor, porque también acaba de tener una hermanita; y, aunque ahora no lloran, ya te diré cuando desaparezcamos», apuntó Ana López, quien durante los próximos días regresará a la escuela con su hija.
Por su parte, Alejandra Fuentes, la docente que se ocupa de una de las clases de los alumnos de 2 años, reconoció que «como todos os anos, o período de adaptación vai depender moito de cada neno. Este é o terceiro ano que están aquí, e xa se lles nota que son veteranos. Penso que cando remate o mes xa estarán todos adaptados».
De hecho, poquito a poquito, todos los alumnos dejarán de ver durante unos minutos a sus padres, que luego irán desapareciendo paulatinamente de las aulas. Será entonces cuando recaiga todo el protagonismo en los más pequeños, a los que les esperan más de nueve meses de compartir enseñanzas y juegos en esta escuela.