Lleva desde el 2001 al frente de Padre Rubinos. Un tiempo en el que no todo ha sido un camino de rosas: «Hubo momentos en los que hubo que decidir entre lanzarse a por todas o cerrar. Nos lanzamos y, afortunadamente, ha salido bien», explica Eduardo Aceña, cargado de ilusión y agradecimiento por la nueva era que se abre para la institución: «La generosidad de Amancio Ortega ha sido para nosotros, y sobre todo para los usuarios de nuestras instalaciones, una bendición del cielo».
-Ha sido un año de celebraciones con final inmejorable.
-Inmejorable para toda la ciudad, porque el beneficio que van a suponer las nuevas instalaciones revierte en todos y van a convertir a A Coruña en un referente en atención al necesitado. Es muy difícil encontrar una inversión pública de esta magnitud con estos fines. E imposible que haya otra de carácter privado que pueda comparársele. Se trata de una obra de lujo dirigida a los pobres. Aumentaremos sustancialmente nuestra capacidad, y ya sabemos que cubriremos todas las plazas.
-¿Va todo según lo previsto?
-Sí, ya están firmados los convenios con el Ayuntamiento y con la Fundación Amancio Ortega y se presentó el proyecto en Urbanismo. Y ahora todo sigue los cauces administrativos preceptivos. Esperamos que en el último trimestre del año puedan iniciarse las obras, aunque de plazos concretos creo que es mejor no hablar.
-Ahora hay que plantearse el futuro, el mantenimiento de aquellas instalaciones...
-Citando al Padre Rubinos diré que «la providencia decidirá». Hasta ahora lo ha hecho, y para bien. Creo que la belleza del proyecto actuará como revulsivo y llamará a la gente a que se involucre. Ya estamos en negociaciones con entidades financieras y fundaciones que han manifestado su apoyo de cara a mantener el gasto que aquello va a suponer, que triplicará el actual. Y, sobre todo, contamos con la colaboración de los coruñeses, que son los que han permitido que llevemos tantos años sirviendo a los pobres.
-Y también habrá sitio en el nuevo complejo para las Hermanas de la Caridad.
-Por supuesto. Ellas son el corazón de Padre Rubinos. Su motivación para un trabajo incansable los 365 días del año es el amor a Dios. El cariño con el que tratan a los que por aquí pasan no se encuentra así como así.
-Después de estos años al frente de la institución, ¿conserva todavía las ganas de trabajar?
-Con noticias como esta no es muy difícil. Aunque cuando esté todo organizado y estructurado creo que será hora de que venga otro presidente a tomar el relevo, que ya tengo 61 años.