El termómetro marcó ayer 3 grados en el Castrillón y 9 en María Pita
09 ene 2009 . Actualizado a las 11:44 h.Suena el despertador. Son las siete y media de la mañana. En la habitación hace mucho frío. Parece que los dos radiadores convocasen una huelga de celo y se negaran a desprender calor durante la noche. La ducha se convirtió en un sacrificio, que se minimizó con el vapor soltado por el agua caliente.
A las ocho de la mañana comienza el chequeo de la temperatura por las zonas más emblemáticas de la ciudad. A los pocos segundos un sensor térmico es expuesto al exterior desde una ventana de un piso de la plaza de los Caídos, y en la pantalla digital aparece un número que hace temblar a cualquiera: ¡3 grados! La elección de la ropa para vestir seleccionada la noche anterior sufre un profundo cambio. Es necesario buscar en el armario camisetas de felpa, chaquetas, abrigos, calcetines térmicos...
En el momento de salir a la calle el frío polar actúa en la cara como un hacha mal afilada. Apuro el paso para entrar en calor dirigiéndome a una de las zonas más gélidas de la ciudad: el paseo marítimo, a la altura de la dársena de Oza, a dónde llega como una daga afilada el frío procedente de la ría de O Burgo. El termómetro ambiental marca 6,2 grados.
La siguiente parada es la plaza de Orense, y para llegar hasta allí opto por caminar por el interior del puerto. Varios marineros acaban de llegar del mar: «Foi unha madrugada dura dende que emproamos o dique de abrigo. O vento frío parecía que nos rompía a cara». Pero lo más difícil aún estaba por llegar: «Había que sacala carnada -el cebo- do medio do xeo. Foi un traballo de escravos», contó Manuel.
Ciudad Vieja
El recorrido continua. En la dársena de La Marina se encontraba un yate que acababa de arribar al puerto. La piel de la cara de sus tripulantes estaba curtida, blanca, roja, y sus labios, cortados que casi le impedían hablar. Ya en la plaza de María Pita el termo sensor marca 9,2 grados «pero creo que ese aparato está mal», dijo María Luz Santos. «Hace mucho más frío, a pesar de que no corre el viento», subrayó.
A pesar de la escasa distancia existente entre la plaza municipal y las calles Santo Domingo o de las Bárbaras, el termómetro casi bajó de repente un grado de temperatura, de 9,2 a 8,4. Pero más pronunciado fue el descenso térmico al llegar a la calle de la Torre, a la altura del cementerio donde la temperatura era de 6,8 grados.
Baño en el mar
Por el paseo marítimo, frecuentado diariamente por muchos viandantes, a penas pude contabilizar a cuatro corredores a los cuales difícilmente se le veían los ojos de lo tapados que iban. Pero el frío no amedrenta a todo el mundo. De hecho, un hombre desafío el dígito de 5,4 grados que marcaba el termómetro y se puso a nadar en la playa de San Amaro.
A la altura del ascensor de San Pedro caminaba Rosario Leis y su amiga Marité. «Vai moito frío. Deus non queira que collamos unha gripe ou un catarro. Pero é normal que o tempo esté así. Xa ía sendo hora de ver un inverno como o de fai anos, cando éramos máis novas».
Y la ronda de Outeiro, avenida de Finisterre, o la avenida de Arteixo tampoco se libraron de las bajas temperaturas. Sin embargo, los datos más bajos recogidos durante este helado recorrido se registraron a las afueras de la ciudad, enfilando Alfonso Molina. En Matogrande el termómetro marcó 4,9 grados, y las pasarelas peatonales brillaban de color blanco. Pero el registro más bajo se encontró en el barrio de Novo Mesoiro, donde a las doce y media de la mañana el termómetro marcó 4, 4 grados, y la tendencia no era para mejorar.