El Concello de Culleredo organiza cursos para que los mayores conozcan las utilidades de un ordenador y a navegar en la Red
16 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Suman muchos años de vida, pero casi ninguno con un ordenador. Nueve mujeres y tres hombres conforman un peculiar grupo que destina unas cuantas horas semanales a conocer una herramienta esencial en el siglo XXI, que generacionalmente les ha pillado a contrapié. «No sabía nin mover o ratón», reconoce Xoán Rodríguez, de 75 años sentado en una de las mesas del centro Pablo Picasso de Culleredo, donde recibe un curso para conocer las herramientas esenciales de un ordenador. Escribe con dos dedos en un archivo word, donde almacena sus recuerdos. «Eu vin aquí para probar. Quero comprarme un ordenador, para poder falar cos meus fillos que están en Suiza», explica. No está muy convencido de hacerlo. Frunce el ceño cuando se le pregunta sobre sus avances. «Polo de agora, frío, frío».
Concepción Vázquez está en el otro extremo del aula. Sus dedos se mueven con soltura entre el teclado. «La mecanografía y la taquigrafía me ayudaron», comenta. Lleva ya dos años participando en las actividades que organiza Servicios Sociales de Culleredo y para este año apuntó a su marido, Antonio de Arriba, que se sienta a su derecha. Le cuesta más que a su mujer, pero ha descubierto las posibilidades de Internet. «Entro en cualquier página menos en las de mujeres. Con la que tengo al lado ya tengo bastante». Concepción le mira con cariño.
Mari Paz López es la benjamina del grupo con sus 59 años. No sabía nada de ordenadores. Ahora, se defiende y puede entrar virtualmente «en museos y ver paisajes». Reconoce que todavía tiene dudas, pero sus compañeros le ayudan.
La mayoría de los integrantes de este curso han pasado buena parte de su vida en la emigración. Suiza, Italia, Alemania e Inglaterra forman parte de sus recuerdos. Concepción Vázquez estuvo en Gran Bretaña durante quince años y trabajó con una conocida familia de la isla, de la que tiene recuerdos imborrables. Afirma que tiene muchos amigos y le sobran casas para pasar sus vacaciones.
Xoán Rodríguez también hizo las maletas de joven y como muchos de su generación trabajó en Suiza. Fue en Aarau, una localidad de uno de sus cantones. «Alí axudei a fundar o centro galego e teño moi bos recordos daquela época», explica mientras teclea en el ordenador.