Hay un museo en Uxes que es tan privado que sólo lo disfruta su dueño. Y no porque él lo quiera así. Si por Manuel Piñeiro (Uxes, 1937) fuera, su colección de utensilios antiguos sería visitada por todos los alumnos de cuanto colegio hay en la comarca coruñesa «para que aprendan cómo trabajaban nuestros abuelos, qué herramientas utilizaban y cómo». Por el momento, su sala de exposiciones, habilitada en un cobertizo con gallinas ponedoras y mesa de trabajo, sólo recibe a su esposa, hijos y amigos.
El museo de Manuel Piñeiro comenzó a crecer cuando regresó de la emigración. Pero ya antes de trabajar en restaurantes y hoteles de Londres o en ebanisterías de Francia su maleta iba cargada de multitud de objetos antiguos. «Nunca tiré nada que perteneciese a mis antepasados. Guardé durante toda mi vida cuanta herramienta cayó en mis manos y hoy no sé ni las que tengo», asegura. Por tener, hasta tiene la piel de una serpiente de dos metros que él mismo cazó en una isla cuando hacía el servicio militar en el buque Malaspina.
Labranza
Nada está puesto al tuntún. Incluso una olla exprés tiene su miga, pues fue la primera que vendió El Corte Inglés cuando abrió sus puertas en A Coruña. En su sala de exposiciones hay de todo. No existió ni existe en Galicia utensilio de labranza que no forme parte de este fondo museístico. Ni de ebanistería. Algunas de las herramientas las hizo con sus propias manos, «otras las encontré, muchas me las regalaron y algunas las heredé de mi padre, un genio de la carpintería».
Hay cazarratones, trampas para lobos, planchas, machetas, herraduras, una radio de la posguerra, una soldadora de tiempos de Maricastaña, caracolas recogidas en la playa de Baldaio, máquinas de escribir, brújulas, campanas o prensadores de todo tipo y tamaño...
Y lo mejor de todo es que Manuel no desiste. No se conforma con lo que tiene y su museo seguirá creciendo «mientras viva», promete. En él pasa horas y horas, colocando aquí, sacando de allá...
Pero Manuel no sólo guarda y cuida objetos antiguos. Piñeiro también inventa. Su destreza con las manos e imaginación infinita le sirvieron además para inventar un juego de piezas de madera que le sacaría los colores al mismísimo Rubik, el del cubo.
Hoy saca pecho. Dice, y con razón, que el suyo «es el único museo de Galicia de herramientas y trastos antiguos». Y se vanagloria de que ni el mismísimo Concello de Arteixo tenga un museo como el que él tiene. Y en Uxes, una parroquia arteixana de no muchos habitantes.