El 091 busca entre varias bandas juveniles al autor de un navajazo

Francisco Espiñeira Emiliano Mouzo

A CORUÑA

La reyerta se produjo en el Pasadizo del Orzán y los policías buscan pruebas y testigos presenciales

15 ago 2007 . Actualizado a las 02:47 h.

A Coruña | La juerga estuvo a punto de acabar en tragedia. Un exceso de alcohol en la sangre, la testosterona juvenil y una vieja rivalidad se conjugaron en un cóctel que estuvo a punto de costarle la vida a un veinteañero pocos minutos antes de las cinco de la madrugada del pasado sábado al domingo.

A esa hora coincidieron en la confluencia del paseo marítimo con el Pasadizo del Orzán dos grupos muy numerosos de jóvenes, alguno de ellos con estética rapera y otros con aspecto sudamericano. Gritos y vasos rotos componían la banda sonora de la escena. Numerosos vecinos se asomaron a la ventana y pudieron presenciar la trifulca.

Hartos de los ruidos, algunos de los residentes alertaron a la sala de guardia de la Policía Nacional. Los coches patrulla llegaron en unos pocos minutos, pero ya era tarde. Al ver las luces de los coches, los participantes en la pelea se esfumaron como por arte de magia.

Pero uno de los participantes en la reyerta iba perdiendo sangre. Vestido de blanco, la mano sobre su barriga no podía contener la hemorragia. El reguero de sangre marcaba el sendero de la huida varios metros más allá de la pelea.

Los agentes del Cuerpo Nacional de Policía no consiguieron detener a ninguno de los implicados. Tras tomar declaración a varios testigos presenciales, la sangre corroboraba la existencia de al menos un herido de cierta relevancia.

Ninguna víctima se personó en comisaría para presentar una denuncia. Por eso, los agentes realizaron diversas pesquisas por todos los centros hospitalarios de la ciudad y su comarca.

Un herido por arma blanca apareció ingresado en el complejo hospitalario Juan Canalejo, aunque fuera de peligro. Los agentes intentaron recabar el testimonio de la víctima, aunque con nulo éxito en cuanto a obtener su colaboración, ya que ni siquiera aceptó formalizar una denuncia oficial ni aportó datos sobre la identidad de su presunto agresor. Así, las primeras pesquisas policiales apuntan hacia un ajuste de cuentas entre dos grupos con viejas cuentas pendientes, aunque ese dato no ha podido confirmarse todavía.