El mapa del tesoro

VÍCTOR OMGBÁ

A CORUÑA

HACE UNOS días se publicaba en este periódico un relato de un inmigrante, un compatriota mío, que decía que las mafias, traficantes de personas, lo arruinaron para llevarle a las puertas de Marruecos. Pagó el dinero, como la mayoría de los que emprenden este tipo de viaje, que quizá no conseguirá reunir aquí, pero el caso es que es feliz. Ha encontrado puertas abiertas; ayuda que sólo saben prodigar los coruñeses. Durante las entrevistas que mantuve con él, me quedé con algo más, algo que no se refleja en el reportaje: su profesora de castellano en Ceuta le dibujó en un cuaderno el mapa de España con ciudades donde podía realizar su sueño. Entre ellas, aparece como muy recomendada, A Coruña. Es algo que sabemos todos los coruñeses. Somos amables, solidarios y abiertos. En las entrañas de esta urbe fluyen larvas del amor. Somos los cimientos de un babel donde todos viven en paz sin distinción de procedencia. Lo quieran o no los detractores de la inmigración, esto es así. A Coruña es universal. Me he parado a reflexionar sobre ello, para buscar el manantial desde donde brota esta solidaridad. Sólo se me ocurre una cosa: la historia de los emigrantes gallegos. De aquellos que Castelao dibujó con pinceladas que cortan como un cuchillo, los que Manuel Ferrol retrató con sentimiento, los que Celso E. Ferreiro pintó con añoranza y desenfado. Parte de ellos partieron de los muelles coruñeses para América. Por eso ha quedado en la piel de esta ciudad el perfume de estos momentos entrañables. Un aroma que el pestilente olor de los detractores no puede borrar. victor.omgba@lavoz.es