HERCULÍNEAS | O |
22 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.VENGO de Italia, donde el destino me quiso llevar porque mi mujer y yo nos comprometimos a hacer un viaje cultural a este país el día que nos diésemos el «sí quiero». Nuestro deseo era conocer in situ donde está enterrado Dante Alighieri. ¿En Verona o en Florencia? El padre de la lengua italiana descansa en Verona. Vengo de Italia, y para eso también sirven los viajes, lleno de ideas que se confunden, cargado de rabia por lo bien que tratamos aquí al turista, rabia porque en Italia, al contrario que en A Coruña, un turista es un guiri. Un guiri atiborrado de dinero y al que hay que cobrar 4 euros por una cerveza. Un turista al que le sale un café a 2 euros en cualquier cafetería y 11 en la plaza de San Marcos de Venecia. Vengo de Italia donde el agua de la fuente de Neptuno, Trevi, plaza de España y otras más, puede beberse por su potabilidad, pero que, si se encierra en una jarra, cuesta dinero. Vengo de un país donde el guiri es un hombre podrido de dinero que se rasca los bolsillos para echar una meada, pagando al empleado de los aseos cincuenta o setenta céntimos. Vengo del país de las esculturas. De la plaza de la Señoría en Florencia con sus caras ilustres; de la Academia de Miguelangelo Buonarotti, donde el anfitrión, El David , desafía a sus admiradores; del Vaticano con su Capilla Sixtina, con un techo que parece abovedado cuando es plano. Vengo de allí, donde los ojos no se cansan y la mente no para de imaginar la vida de aquellos que trajeron la luz al mundo. Italia no es A Coruña. En casa de María Pita, amamos al turista. Como a un hermano. Paga a un euro cincuenta la cerveza como la pagamos nosotros. ¿Quiere mear? Pues ahí tiene una puerta que dice: aseos. Allí no encontrará ni cesta ni su dueño. ¿Dónde puede estar mejor el turista? Tienen razón algunos cuando dicen que aquí «nadie es forastero». victor.omgba@lavoz.es