HERCULÍNEAS | O |

24 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

NI RODEADO de sus nietos y de su familia, ni tan siquiera en una solitaria -pero calentita- cama de una residencia de la tercera edad. Totalmente solo. Así falleció el indigente que el pasado lunes encontraron casi putrefacto en un descampado en San Pedro de Visma. Dicen que llevaba cerca de tres meses muerto y que nadie se percató de que hacía tiempo que no daba señales de vida. Me cuentan que su casa era una cochiquera, de apenas un metro de ancho y construida con paredes de piedra a punto de venirse abajo, al igual que el tejado, que apenas resistiría un temporal del próximo invierno. Lo único que se sabe de su vida es que tenía 75 años, un perro como único amigo y que era muy simpático con los niños que pasaban por la zona. El resto de su existencia es como un libro en blanco. Quizás algún día llegó a ser alguien importante, una persona de prestigio al que la fortuna decidió abandonar, o a la que quizás él mismo quiso esquivar. También puede ser que tan sólo fuera un pobre diablo, que no buscaba nada en la vida y al que poco le importaba seguir malviviendo en una chabola. Solo y olvidado. Lo cierto es que quizás ya nunca lo llegaremos a saber. ana.lorenzo@lavoz.es