?lgún cíber, las bibliotecas municipales o los locales donde es posible conectarse a Internet de forma gratuita eran su centro de operaciones. A través de la Red ponía a la venta numerosos objetos -desde animales de compañía a teléfonos móviles o material informático- que eran adquiridos por personas de toda España, que ingresaban su dinero en dos cuentas bancarias que el delincuente había abierto en A Coruña. Normalmente, las víctimas de estos engaños solían depositar una fianza, de entre 30 y 300 euros, que luego nunca llegaron a recuperar. Sin embargo, la culpabilidad debió de agobiar al ladrón, que la semana pasada decidió confesar sus delitos y se presentó voluntariamente en las dependencias policiales, que remitieron en el asunto a la Guardia Civil. En su defensa alegó que, si bien era consciente de que estaba realizando una actividad ilegal, en ningún momento quiso ocasionar un quebranto económico a las personas a las que estafó. Sin trabajo ni casa Asimismo, confesó que su actual situación -en paro y sin casa donde vivir- le había empujado a delinquir para poder tener dinero para alimentarse y asearse. Una vez certificada la veracidad de su testimonio, los agentes del instituto armado comprobaron que en los números de cuenta que el ladrón había facilitado se realizaron un total de 38 transferencias por valor de 4.565 euros. Por otro lado, los guardias civiles descubrieron que se habían presentado dos denunciar por este caso, una en Puebla de Lillo (León) y otra en Burgos.