Una odisea de hermanamiento

La Voz

A CORUÑA

Viajar de A Coruña a la ciudad andaluza puede suponer más de doce horas de trayecto Visitas obligadas: el lugar donde se firmó la Constitución de 1812 y el paseo marítimo

12 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

¿Quiere viajar a Cádiz, la primera ciudad hermana de A Coruña? Pues rece lo que sepa, porque puede sufrir un trayecto de más de doce horas. Es la peor ecuación para un viaje en España: salir o aterrizar en Alvedro, que el origen y el destino estén en las dos puntas del país, que la autopista entre ellas sólo pase por Madrid, y que el tráfico aéreo español parezca una mala teleserie americana. Si elige el avión y no hay un sólo retraso, el tiempo mínimo para llegar a Cádiz son unas seis horas, contando con la hora de espera en Alvedro, el vuelo a Madrid, de allí al aeropuerto de Jerez, taxi a Jerez y tren a Cádiz. También hay un servicio de taxi entre Jerez y Cádiz, pero supone un desembolso cercanos a los 50 euros. Y si hay retrasos, puede ocurrir cualquier cosa. Un ejemplo: nuestro vuelo hacia A Coruña se canceló y terminamos llegando cuatro horas más tarde de lo planeado, y a Santiago. Si opta por lo más barato, el viaje en bus (hay línea directa entre Algeciras y A Coruña), se puede pasar casi un día entero encajado en una butaca. A pie de calle Una vez allí, a pie de calle, hay lugares de visita obligada. Como la torre Tavira, desde donde en la antigüedad se vigilaba la llegada de barcos cargados de mercancías (en la época en la que Cádiz era uno de los grandes emporios comerciales de Europa). O el oratorio de San Felipe Neri, donde se firmó la primera Constitución española, la de 1812. Al visitante puede sorprenderle el estado del lugar, con algunas paredes desconchadas, o que esté en manos del obispado gaditano en vez de Patrimonio Nacional, pero la visita vale la pena. Como también la vale echarle un ojo al museo de las Cortes que tiene al lado, o un recorrido a pie por todo el paseo marítimo, cruzando junto a los castillos de Santa Catalina y San Sebastián. En esa ruta se encuentra el drago que creció, según la leyenda, alimentado por la sangre de Gerión (hasta el punto que también se le llama gerioneo). Y, en la playa de la Caleta, llama la atención el antiguo balneario que todavía se conserva sobre la arena y que ha sido transformado en sede del departamento autonómico de arqueología subacuática. No se pierda tampoco la catedral ni su torre del Poniente, la más alta de la ciudad; y, si es una apasionado de la historia, puede seguir el rastro fenicio y romano de la urbe en el museo de Cádiz, que se encuentra en la arbolada plaza de Mina. Allí mismo también se encuentra la librería Manuel de Falla, en la que puede echarle un ojo a los últimos volúmenes sobre la ciudad publicados por estudiosos locales, desde gastronomía hasta la jerga. Noche La noche de Cádiz oscila: si es invierno, su Orzán particular es la calle Manuel Rancés, en el casco viejo; si es verano, la Juan Canalejo gaditana se llama Muñoz Arenillas, en la parte moderna. Las dos, que han sido declaradas por el Ayuntamiento como saturadas de ruidos -ya no se permite que abran más locales- suman una treintena de bares y pubs, y concentran buena parte de la movida gaditana. Lo habitual del sol andaluz provoca que, en cuanto cae una gota de lluvia, una animada noche de jueves se convierta en un desierto.