El pulso de la ciudad Las representantes coruñesas en el certamen de Miss España dicen que las tratan muy bien, a pesar de que hay informaciones que apuntan a que las chicas pasan hambre
12 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?ntes de viajar a Oropesa del Mar, la ciudad en la que el próximo domingo se celebra el concurso de Miss España, Marta Caruncho y Paula Martín me enviaron esta fotografía desde una playa de Fuerteventura, el lugar donde estuvieron preparándose para la final. Mientras por aquí nos vamos sacudiendo de las olas de frío, ahí tienen a Miss Coruña y Miss Lugo disfrutando del sol canario. Cuando falta una semana para conocer el nombre de la guapa oficial del país, la polémica vuelve a rondar el ya de por sí controvertido concurso. En algunos programas de televisión dedicados al cotilleo comentaron que las candidatas pasan tanta hambre que se desmayan. Paula y Marta dicen que no. «Comemos más que en nuestras casas», dice Paula. «Ayer desayuné fruta, pan con tomate y leche con cereales. Al mediodía nos llevaron a comer paella a un restaurante y, por la noche, cogí lo que quise en el bufé del hotel», comenta la coruñesa Paula Martín, que luce la banda de Lugo. Afirma que hay chicas que comen más que otras, pero que no nota nada raro en la actitud de ninguna. «Lo que sucede es que las cosas se sacan de contexto. Nos llevaron de excursión a la Ciudad de las Ciencias de Valencia y una chica se desmayó al ver un vídeo en el que mostraban una operación a corazón abierto», dice la miss. Sobre un supuesto mal ambiente en el grupo, Marta sale al paso. «Somos 52 chicas y llevamos dos semanas juntas. Se van haciendo grupitos, pero de mal rollo nada de nada», afirma Miss Coruña, que dice encontrarse en su salsa. También están muy contentas las siguientes mujeres de las que les hablo. El Colegio Internacional Eirís decidió organizar una reunión de las chicas que acabaron los estudios en 1980. «La idea partió del centro, porque queremos darle importancia a los antiguos alumnos», comenta Joaquín Casado, uno de los promotores de la iniciativa, que habitualmente organiza el propio alumnado. Ahí tienen a las ex compañeras de clase, de vuelta al colegio 25 años después. «Cuando llegué al Museo Militar no se parecía en nada a lo que es ahora», afirma orgulloso Leoncio Verdera . Su esfuerzo fue reconocido por sus amigos con un homenaje con motivo de su jubilación. No se le echan 65 años. Pero los tiene. En la noche del viernes se le dio una cariñosa despedida en el Sporting Club Casino, que preside Manuel Folgueiras. A la cena acudieron muchas de las personas con las que mantuvo relación a lo largo de estos años de servicio a la ciudad y a la divulgación cultural. Seguro que no tardará mucho en regresar al museo, aunque esta vez lo haga como visitante.