CRÍTICA MUSICAL | O |
24 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.COMENZÓ el último concierto de la Orquesta Sinfónica de Galicia con una obra del histórico Juan Montes. Sucedió precisamente en una semana en la que los compositores españoles han vuelto a reclamar mayor atención para su música, en algunos casos, exigiendo cuotas como la de pantalla del cine, para que se den a conocer sus obras en pie de igualdad con las de Beethoven o Penderecki. La reivindicación, que no es nueva, viene ahora a cuento de un reciente estudio de la Fundación Autor, que suspende de modo muy particular a las dos orquestas gallegas, situándolas en el furgón de cola en lo que a interpretación de música española, especialmente de la de nuestro tiempo, se refiere. El informe sostiene que Mozart es el compositor que más se interpreta en los auditorios españoles. Montes versus Mozart, precisamente, el otro día. Al final, ganó el salzburgués por goleada en el aplausómetro del respetable. Pero se cumplió con la cuota autóctona , se cuidaron las formas. Demasiadas ideas La Sonata gallega descriptiva recrea aires populares de la tierra en una obra con demasiadas ideas, inconexas, sin oportuno desarrollo; lo cual no es del todo culpa de Montes, como explicaban las notas de Carreira. Mozart convierte la melancolía en sonidos de una intensa, a ratos dolorosa (como en el segundo movimiento), belleza, que todas las noches escuchaba, postrado en su lecho, el solitario profesor de Confidencias . Un excelente violista anónimo (¿no hubo tiempo de incluir su currículo en un suelto volandero?) reemplazó al anunciado Caussé. Con el otro concertino italiano de la orquesta, Fabris, ambos ofrecieron una interpretación rica en sonido y matices de la Concertante . Quizá si hubiésemos contado con un Rachmaninov, ahora no se hablaría tanto de cuotas. El ruso suele convencer siempre, menos a los snobs mal informados, que tachan su música de retrógrada. El director Yan Pascal Tortelier, digno hijo de su padre, el gran Tortelier, no es un director elegante. Su contundente gestualidad recuerda a Jackie Chan y demás maestros actuales de las artes marciales, o a un guardia de tráfico; pero lo que importa son los resultados: a veces se exhibe mucha pose y escasa sustancia. El francés y la Sinfónica brindaron unas Danzas Sinfónicas de enjundia, con soberbias individualidades de los vientos, en una obra que posee todo el lirismo de la casa, pero sin renunciar a incorporar algunas de las novedades de su tiempo, lo que demuestra que el compositor no vivía en una torre de marfil. Palacio de la Ópera.