Reportaje | Un polideportivo y un centro cívico con más de 11.000 abonados Este rincón de Os Castros, escoltado por faisanes australianos de colores, mueve casi tanta población como Betanzos
08 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Un faisán australiano que parece pintado por Matisse y una placa roída por el tiempo dan la bienvenida al que se acerca a Ciudad San Diego desde el sur. Este parque ha sido financiado con fondos de la Unión Europea, dice el letrero. Un anciano, Martín, fuma bajo el aviso. «¿Coñecía vostede o barrio hai cinco anos?». A la respuesta negativa del periodista, responde: «Mellor así». Mientras él sigue fumando y el faisán a lo suyo en la acristalada pajarera municipal, el cemento responde por Martín. Allí, separados por pocos metros y rodeados de césped hay dos edificios que sus números, no su tamaño, se han hecho gigantescos. Dice el Instituto Nacional de Estadística que Betanzos tiene 12.545 habitantes. Sólo el complejo deportivo de San Diego, el primero de los dos inmuebles, tiene 11.000 abonados. Mueve tanta gente como la Ciudad de los Caballeros. Y el polideportivo tiene, a mayores, una larga lista de espera. En cuanto al centro cívico, el segundo de los inmuebles, sus cifras rondan las quinientas personas que usan diariamente las instalaciones. ¿A qué viene semejante avalancha? Hay muchas respuestas. Once mil, de hecho. Para sacar conclusiones hay que ponerse -literalmente- unos patucos de plástico y darse una vuelta por las piscinas, o echar un vistazo -esta vez ya sin patucos- a la legión de aparatos de gimnasia. No parece un local público. Lo que hay allí se asemeja más a un centro de deporte y estética de una capital europea que a un polideportivo municipal de una ciudad mediana. Tecnología «Cuando lo construyeron, decidieron gastarse el dinero en lo último», dice el director, Ramiro Bravo. Los ciento y pico que en ese momento sudan en el gimnasio no están como para confirmarlo. Muchos corren sobre cintas transportadoras con futuristas paneles de control informático. Hay hasta una especie de circuito con semáforos, que regula el tiempo que los usuarios tienen que pasar en cada aparato. «Un monitor ayuda a programarlo», dice Bravo, que admite la dificultad de ponerse a los mandos de la máquina. Bajo el gimnasio hay una gran pista que sirve para baloncesto, badminton, fútbol o lo que el interesado tenga a bien hacer. Café para todos. Junto a ella se encuentran varias salas. En una, tres decenas de mujeres se entregan al bodycombat, una suerte de aeróbic con movimientos de kárate y boxeo. Luego llegan los patucos, y las piscinas. La primera visual muestra dos, una grande y otra más reducida en la que otro grupo de mujeres hace aeróbic, esta vez acuático. En el otro extremo, junto a la grande, una grúa atornillada eleva en ese momento a una minusválida en el aire, para más tarde posarla sobre el agua. Sauna mixta Al fondo a la derecha, tras el jacuzzi, hay tres saunas. Una de ellas mixta. «Así las parejas pueden disfrutar juntas de la sauna», indica rápidamente Bravo. Y de allí, a los rayos uva. El centro también tiene un solarium y tratamientos de estética y fisioterapia, aunque, aviso a navegantes, no van incluidos en el precio del abono. Estudiantes A esas horas -son las once de la mañana- decenas de estudiantes que no tienen tiempo para el bodyboxing se encierran en un aula del centro cívico. Ese es el otro gran pilar de Ciudad San Diego. Para los que crean que Os Castros es un barrio periférico, un dato: los centros vecinales de una zona con solera como Cuatro Caminos y del marinero As Xubias están adscritos a él. Por decirlo de alguna manera, bajo su batuta. Desde allí, desde esa especie de plaza fuerte del voluntariado y el trabajo social, media docena de trabajadores se encargan de levantar la alfombra bajo la que se esconde el polvo del barrio. Los dramas familiares, la soledad de sus mayores, las enfermedades degenerativas, los discapacitados, los jóvenes con problemas de trabajo, la prevención de la drogodependencia, la lucha contra el chabolismo. «Esa es la principal dedicación del centro», dice Cristina Ramos, su directora. Lo respalda una de las trabajadoras sociales que se bate el cobre a diario en San Diego: «La mayoría llega con problemas económicos», subraya. Es paradójico. Junto al centro, en la pajarera, hay aves que llegan a valer 600 euros. Ramos relata la historia de varios jubilados que huyen del anquilosamiento enseñando manualidades, o cualquier otra cosa rescatada de su pasado. Calado canario El centro no se dedica sólo a eso. Organiza viajes, juegos y actividades para niños, clases de informática y hasta talleres de calado canario. Y tienen coro, que pone himno a Ciudad San Diego, la urbe dentro de la urbe que se mueve a ritmo de aeróbic con nombre de producto de teletienda.