Reportaje | Polémica sobre los cuadros del padre del cubismo Un estudio de más de sesenta obras del artista permite dictaminar que su padre colaboró en el remate de algunos lienzos, pero nunca suplantó a Pablo en su etapa coruñesa
17 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Picassos por derecho propio. De todo el territorio nacional han llegado a la ciudad originales y reproducciones de más de sesenta cuadros pintados por el genial artista en su etapa joven. Tan generoso envío ha servido para sentar las bases de un estudio que demuestra lo que ya se suponía: las obras que se atribuyen al autor más representativo del cubismo, durante su etapa coruñesa (entre los diez y los catorce años) son de Pablo y no de su padre, José Ruiz. La duda que había sembrado el pintor albaceteño Rómulo Antonio Tenés ha encontrado rápida respuesta en la asociación Pablo Ruiz Picasso y sobre todo en uno de sus vicepresidentes, Juan Ramón Patiño. Él ya había iniciado su investigación mucho antes de que el manchego presentara una querella ante la Audiencia Nacional sugiriendo que los cuadros de Picasso entre 1892 y 1897 (los coruñeses van del 91 al 95) eran en realidad de su progenitor, José. Patiño ha sacado una conclusión de su trabajo que podría justificar de algún modo las dudas de Tenés: «En muchos de los cuadros se observan acabados que permiten suponer que hubo dos manos trabajando sobre el lienzo. Esto no es extraño. Pablo era joven y su padre era también su profesor, así que es probable que ayudara al chaval en algún acabado, que se ve más suelto, menos empastado». Sin embargo, considera «absurdo» atribuir a su mentor obras que en realidad son del propio Picasso. «Las críticas de la época ya hablan de las exposiciones de Pablo, cuando era niño. No creo que una persona tan seria como su padre lo suplantase», subraya el autor del estudio, que verá la luz en un futuro, tras examinar más cuadros. Academia o innovación Por si esto fuera poco, hay otras diferencias notables entre profesor y alumno: Además de que el primero era un academicista puro y el segundo siempre tuvo dentro el gusanillo de la innovación, que plasmó desde muy pequeño, la temática y la resolución de uno y otro son muy distintas. Mientras José Ruiz mostraba preferencia por motivos florales y personajes de ópera, Pablo Picasso elegía animales, imágenes marinas y paisajes de calles de la ciudad (muchos son los ejemplos sacados de San Andrés o la calle Payo Gómez). La lucha de estilos es patente, por ejemplo, en las cartas que el padre manda a París para su hijo, en las que le reprende por haberse desviado de los cánones de la academia. El presidente de la asociación Pablo Ruiz Picasso, Angel Padín, pone la puntilla al estudio y a la controversia: «Creemos que las críticas y la querella del pintor albaceteño se refieren más a las obras que se encuentran en el museo de Barcelona. Pero también hay muchos que buscan que Picasso les dé algo de fama».