Pocos divorcios en la República

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

03 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Fue a finales de marzo del año 1933 cuando comenzó a aplicarse en España la ley del divorcio, después de que fuese aprobada por las Cortes de la República. Siete meses después, La Voz informaba de que en A Coruña sólo se habían dictado 80 casos de «matrimonios mal avenidos». «Trece de las demandas presentadas -añadía el periódico- correspondían a cónyuges que litigaban por pobres y los otros siete por ricos». El gasto por esta clase de pleitos se estipulaba en algo más de mil pesetas. Para los matrimonios pobres eran gratis. Hablaba después un juez encargado del tema, apuntando que, en su mayor parte, las demandas de divorcio fueron presentadas por cónyuges que, de hecho, estaban ya separados. Las causas El artículo 3 de la citada ley señalaba, entre otras, como causas del divorcio: la bigamia, la tentativa del marido para prostituir a la mujer, la enfermedad contagiosa de carácter venéreo contraída fuera del matrimonio, el atentado de un cónyuge contra la vida del otro, la enajenación mental del marido o de la mujer, el desamparo de la familia o la condena del cónyuge a pena de privación de libertad por tiempo superior a diez años. Antes de la Segunda República, el divorcio más sonado en A Coruña había sido el de Herminia Borrell, una agraciada y moderna joven de la buena sociedad, que cuando, a mediados de los años 20, estaba en Londres perfeccionando su inglés, se enamoró de Nubar Gulbenkian, un apuesto árabe hijo del rey del petróleo . La boda, por lo civil, enojó a las familias de ambos, especialmente a la del moro, cuyo padre le expulsó de casa y quiso desheredarle por contraer matrimonio con una cristiana.Como se esperaba, el matrimonio duró poco y Herminia se vino para A Coruña descompuesta y sin marido. Pero la joven era orgullosa y rechazó la pensión mensual de Gulbenkian junior , 300 dólares mensuales, que en aquel tiempo era un pastón . Herminia era una señorita adelantada a su tiempo, pues fue de las primeras mujeres que fumaron en A Coruña, además de montar en bicicleta, con pantalones, y bañarse en la playa sin el tradicional faldón. También disponía de un vistoso coche blanco. En Sigrás tenía una casona, donde vivía con perros, gatos y loros charlatanes. Ceremonias En aquellos años 20 y 30 eran escasos los matrimonios por lo civil, cual fue el del destacado líder republicano Santiago Casares Quiroga y la modistilla Gloria Pérez, celebrado el 25 de octubre de 1920. Había muchos jóvenes que, influidos por las presiones de sus familias, se veían obligados a casarse según establecía la religión católica. Incluso el citado Casares Quiroga, siendo ya ministro de la República, tuvo que consentir que su hija Esther se casase por la iglesia, en Madrid, en julio de 1931, con el capitán de Caballería Enrique Varela Castro. Como muestra de su enfado, no asistió a la ceremonia religiosa.