ANTONIO JIMÉNEZ
04 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Antonio Jiménez vivió una mañana ajetreada. Cuatro familias veían como los arcones de Orillamar dejaban de existir sin tener una casa en la que dormir horas después. «Sólo pido que la gente que tiene un piso para alquilar no sea racista. Que sepan que somos gitanos buenos, honrados y trabajadores», explicaba uno de los líderes del núcleo chabolista. Para él, su entorno será inolvidable. «Aquí estábamos perfectamente integrados en el barrio, la gente nos quería y por eso volveremos a instalarnos aquí cuando acabe la construcción», explicaba al pie de la entrada en el núcleo chabolista. Como mejor botón de muestra de esa integración en el entorno se puede hablar de los más pequeños de la colonia gitana. «Nuestros niños tienen aquí todos sus amigos. Van al colegio al Curros Enríquez y seguro que lo van a echar mucho de menos», explica Antonio. También los añorará Avelino, el de la tienda. «Mira si nos quiere este hombre, que dijo que si no volvíamos a vivir aquí que él cerraría el ultramarinos y listo», relata.