La mala vida paya de los gitanos

PACHO RODRÍGUEZ A CORUÑA

A CORUÑA

KOPA / XOSÉ CASTRO

Los vecinos de Orillamar, donde ayer ardió una chabola, ven como les deniegan el alquiler de pisos al comprobar su raza El imprescindible acento gitano necesario para cantar flamenco -uno de los escasos artes que exporta España- es en cambio poco recomendable para realizar algo tan cercano como alquilar un piso. Para que los niños no pasen frío. Para poder abandonar los arcones de Orillamar y que, tal y como el Ayuntamiento les ha prometido, se les construyan unas viviendas como Dios -el de todos- manda. Manuel Jiménez, más de tres décadas de trabajador en el puerto, «yo llevé vida paya hasta que me jubilé», dice, es su interlocutor y vive la paradójica situación de encontrar el apoyo de los no gitanos y, a la vez, sufrir la intransigencia con su raza.

27 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Manuel Jiménez dedica el día a intentar buscar pisos para las familias de los arcones. Para los vecinos de su calle sólo tiene buenas palabras. «Me llevo bien con todos, me respetan y les respeto», asegura. Y recita: «Yo llevé vida paya». Literatura en estado puro que explica qué ha hecho con su existencia hasta jubilarse. Cuando lo hizo, se dedicó a intentar erradicar la droga entre su gente. Ahora se encuentra embarcado en una aventura que contiene la angustia de la supervivencia. Los habitantes de los arcones de Orillamar, de etnia gitana, ven como se les deniega una y otra vez el alquiler de pisos. Paso previo necesario para que el Ayuntamiento de A Coruña les construya unas viviendas a un grupo de más de treinta familias, casi todas con niños de corta edad. Jiménez dice: «¿Pero qué es esto?». De esta gran comunidad de vecinos, hasta el momento, sólo ocho han tenido suerte y ya tienen vivienda. Se trata de unos afortunados. La preocupación y el desencanto cunden entre estos residentes en Orillamar que ven como, a la dificultad económica con la que se encuentra todo el mundo al alquilar un piso, encuentran el problema añadido del «no» al descubrir que se trata de personas de raza gitana. Antonio Jiménez es uno de ellos. Parece que, en el caso de estos ciudadanos, es necesario que primero demuestren que no son culpables. «Nos tratan como malos» Él mismo comienza una retahíla de frases para intentar despertar la comprensión. «Yo he vivido con payos y he estudiado. Y trabajo. Si alguien roba, que le juzguen, pero a nosotros parece que siempre nos tratan como malos», afirma Antonio Jiménez, casado y con tres hijos para los que desearía que se educaran entre la igualdad y el respeto. «Porque los niños se dan cuenta y algo que se les queda. Y de mayores no lo olvidan», prosigue. Estos días, en los arcones, la pregunta es saber si se ha encontrado piso o alguien, al descubrir que se trata de una persona gitana, le niega el contrato. Conseguir casa para ellos es una cuestión de acento.