JOSÉ LUIS GARCÍA LÓPEZ PLAZA PÚBLICA
26 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Seguro que a algunos lo de agostar les trae a la mente esas mieses vencidas por el sol, esos amarillos sin verde propios de las tierras de temperaturas más altas: estarán en lo cierto, pero serán los menos. La mayoría pensará en el mes en que estamos, en su versión adjetivada: no es la acepción más culta pero sí la más coherente. Agosto era el mes clave de las vacaciones; no hace mucho «todo» veraneaba en estos días: la política y los políticos, el mundo financiero y sus actores, los periodistas de mejor firma y las noticias... Todo ha cambiado. No sé si la causa es de la «globalización» esa que nos acosa o de que Nostradamus ha reaparecido en escena: a lo mejor es lo mismo, y la única diferencia es de lenguaje. Y es que, como muestra valga esta semana agostada que más parece propia de ese tan manido como temido «otoño caliente». Recordemos: dos mazazos de las policías al terrorismo, a cambio de un maldito juguete trampa de la «kale borroka»; el alunizaje de otro Camacho, buen representante de la cultura a la que hemos llegado, estafando a más de dos mil «pardillos» (?) cuya lista ha sido publicada cual si se tratase de la de la Selectividad; entrar en el Guinnes de «bateadores y bateadoras», ahogados incluidos, gracias al «buen hacer» de cuatro o cinco repugnantes mafias hispano-marroquíes toleradas por la cúpula alauita; el incremento preocupante de la legionelosis, etc, etc. Y la «puesta de largo» de Eva Sannum aprovechando que «el Pisuerga no pasa por Oslo» y, en casa, poniéndole más controles a las «jiras» de los Caneiros. Para mí que si siguen regulándolas, van a terminar agostándolas, pero como el trigo. redac@lavoz.com