Una de las anclas del petrolero griego se exhibe en Salinas, mientras otra toma rumbo a la Casa de los Peces Tres anclas portaba el cuando vertió su vómito negro en las entrañas de A Coruña. Una la acaban de rescatar y muestra su erosión en el coruñés muelle del Este, a la espera de su traslado a la Casa de los Peces. La otra yace todavía en las aguas de A Torre, sumida entre el esqueleto de chatarra del petrolero. ¿Y la otra? ¿Dónde está? Pocos coruñeses conocen la respuesta. Fue la primera que abandonó el escenario del crimen ecológico: meses después de la tragedia, tomó rumbo al museo de anclas de Salinas.
27 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.En diciembre del 92 se dio un baño de oro negro. Ahora, la muy coqueta se da baños de masas. Es el ancla de respuesto del Mar Egeo, suplente en el barco, titular en el Museo de Anclas Philippe Cousteau, que cuenta con más de cien piezas pero sólo expone una veintena. Continúa respirando aire marino y el salitre sigue carcomiendo su oxidada figura. El recinto museístico que la cobija se alza en una bellísima punta de la costa de Salinas, a 25 kilómetros de Oviedo. Es un museo al aire libre en el que no hay que pasar por taquilla. Lo fundó en 1997 la Cofradía de la Buena Mesa del Mar, una curiosa agrupación nacida para fomentar las cultura marinera y gastronómica. Que nadie se equivoque: no se trata de una peña formada por un puñado de estómagos agradecidos, sino por genuinos lobos de mar. La cofradía es una entidad seria. Tanto, que fue el Rey Juan Carlos I quien inauguró el museo en septiembre de 1997. Al acto también acudieron la viuda y los vástagos de Philippe Cousteau, el hijo del famosísimo comandante. Philippe, también oceanógrafo de tronío, falleció en un accidente en 1979 y el museo honra su memoria.
En lugar privilegiado
El ancla del Mar Egeo llegó a Salinas meses después de la catástrofe. Al parecer, fue cedida por el Ayuntamiento coruñés, o eso se detalla en el plano-guía del museo.