Sylvia Earle: «Galicia es la perfecta candidata para ser un punto de esperanza del océano»

La dama de las profundidades ya no come pescado porque dice que el mar está sobreexplotado

«Hay que respetar la vida marina más allá de lo vemos en el plato» La oceanógrafa Sylvia Earle ha charlado con La Voz sobre su vida bajo el agua y las amenazas que afronta el océano

oviedo / la voz

La vida de Sylvia Earle (New Jersey, 1935) da para una película. El director Martin Scorsese, Princesa de Asturias de las Artes, confesó a una pregunta de La Voz que sería un filme fantástico sobre una persona extraordinaria. La historia debería transcurrir en el océano, donde ha pasado más siete de mil horas y el argumento tendría que reflejar la épica que rodea su trayectoria. Fue la primera mujer en descender 381 metros de profundidad con un equipo autónomo y ostenta el récord de inmersión en solitario a mil metros. En 1998 se convirtió además en la primera mujer en recibir la distinción de Héroe del Planeta que concede la revista Time. Hoy se ocupa de la misión más importante de todas que ha bautizado como Mission Blue, una iniciativa global para proteger el océano.

- ¿Cómo fue su primer contacto con el mar?

- Cuando tenía cinco años una ola me golpeó. Desde entonces tiene toda mi atención.

- ¿Qué siente cuándo está debajo del agua?

- Me siento en casa. Además es una experiencia increíble porque nunca sabes lo que puedes llegar a descubrir.

- Usted inició la exploración del océano paralelamente a la carrera lunar. ¿Cómo recuerda aquella época?

- Veía cómo los astronautas se vestían con trajes especiales para ascender en los cohetes mientras yo me ponía la escafandra para descender al océano. Fue el comienzo de la conquista de dos lugares extremos. Pero desde 1969 doce personas pisaron la Luna y solo tres consiguieron descender a once kilómetros de profundidad. Por otra parte, las imágenes que llegaban desde el espacio exterior revelaban lo azul que es nuestro planeta.

- ¿Cuánto queda por explorar?

- Mucho. Solo conocemos un cinco por ciento. La mayor parte de la vida marina vive en la parte profunda que es fría, oscura y con una elevada presión.

- ¿Cuánto ha cambiado el océano desde que era una niña?

- En el océano más profundo todavía quedan áreas intactas pero el daño es muy notable. Hay plástico por todas partes, ha cambiado la temperatura, la química e incluso el tamaño de los peces. Los bacalaos, los atunes o los meros ya no son tan grandes.

- En Galicia se ven cada vez con más frecuencia peces tropicales.

- Los humanos pueden adaptarse a entornos cálidos y fríos pero los peces no y tienen que emigrar. Estamos asistiendo a unos cambios sin precedentes en las sociedades humanas y lo mismo está ocurriendo en el océano.

- ¿Por qué no come pescado?

- Estamos sacando peces más rápido de lo que pueden reproducirse y el declive se mantiene. Comer un pez que ha tardado treinta años en crecer no tiene sentido para mí. A lo largo de mi vida sí que he contribuido al consumo, pero ahora, que puedo elegir, decido ser parte de la solución.

- ¿Cuál es su mensaje para una comunidad pesquera como la nuestra?

- Hay que tratar de valorar la vida marina más allá de lo que vemos en el plato. Las ballenas, por ejemplo, juegan un papel importante en el ciclo del carbono.

- Usted creó el concepto de Hope Spots o Puntos de Esperanza. ¿Galicia podría ser uno de ellos?

- Es la perfecto candidata. Si quieren postularse para la Mission Blue a través de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, solo hay que rellenar un cuestionario con preguntas sencillas como: ¿Por qué cree que este lugar importa? ¿Qué tiene de especial? ¿Pueden compartir la visión de Galicia con el resto del planeta? Después si el comité científico lo aprueba estaría entre las cien zonas protegidas del mundo.

«Los hombres eran acuanautas, pero nosotras acuasexis»

En 1969, el mismo año en el que los astronautas del Apolo XI, comandados por Neil Armstrong, llegaron a la Luna, un grupo de mujeres, dirigidas por Sylvia Earle, vivieron durante dos semanas seguidas en un hábitat submarino en las islas Vírgenes.

- ¿Cómo recuerda el proyecto Tiketate?

- Antes de que existiese la Estación Espacial Internacional o mujeres astronautas, un equipo de científicas exploramos las profundidades y nos quedamos a vivir en la primera estación que hubo en condiciones extremas. Pasamos más tiempo nosotras bajo el agua que los astronautas en la Luna. Convivir con las criaturas marinas me ha dado una visión que quizás no tengan las demás personas.

- Pocos conocen esa hazaña.

- Nunca he hecho nada para ser reconocida.

- Estos días está en los cines «The First Man», la película sobre Neil Armstrong. Le hemos dicho a Scorsese que habría que hacer una película sobre su vida que podría ser «The first woman».

- [Ríe] Cuando una persona nace en el momento adecuado resulta fácil ser la primera en hacer muchas cosas aunque mi objetivo tampoco ha sido ese.

- Supongo que no habrá sido sencillo ser mujer en un mundo de hombres.

- En aquellos años en los que se inició la exploración del océano, los hombres que buceaban recibían el nombre de acuanautas. Sin embargo, nosotras eramos el equipo femenino, acuasexis o acuababes (‘niñas acuáticas’). A veces yo era la única mujer en una expedición en la que participaban hasta veinte hombres. La prensa del momento titulaba cosas como «Sylvia Earle pasará meses con un grupo de hombres en el mar y espera que no le pase nada». La verdad es que todo aquello no me importaba porque yo solo quería explorar.

-¿Qué le diría a una niña que quiere convertirse en científica?

- Si tuviese una máquina del tiempo me gustaría ser niña en el momento actual. Hoy las oportunidades están por todas partes. Lo único que hay que hacer es salir ahí fuera y explorar. Aún queda mucho por conocer y cada vez hay más medios, sobre todo en lo que se refiere al océano. En la actualidad hay tecnología que permite adentrarse en las profundidades y descubrir un universo maravilloso. Y esto lo puede hacer cualquier niña o mujer de todas las edades. El mejor ejemplo soy yo misma. 

«Lo que hagamos durante los próximos diez años decidirá nuestro futuro»

La doctora Earle, una prominente oceonógrafa y la primera mujer en dirigir la NOAA, la máxima institución del océano de Estado Unidos, publicó más de 200 artículos científicos, decenas de libros y ha dirigido varios documentales para National Geographic. Asegura que vivimos un momento decisivo para la vida en la Tierra.

- ¿Es usted optimista o pesimista con el futuro?

- Intento ser optimista en todos los ámbitos de la vida. Ahora tenemos la capacidad de conectar y aprender con otros de forma instantánea. Cuando ocurre algo en alguna zona del planeta la noticia llega rápidamente al resto del mundo. Por tanto la posibilidad de dar una repuesta global parece posible. La comunicación y el conocimiento son la clave. Para que la gente se preocupe tiene que estar informada. A mí lo que me anima es la capacidad para ver un problema, comunicarlo y resolverlo.

- ¿A pesar de Donald Trump?

- A menudo se me pregunta si creo en el cambio climático pero yo no discuto porque, como científica, me fijo en las evidencias, que no entienden de derechas o izquierdas. Todos vivimos en el mismo planeta y lo que hagamos en los próximos diez años decidirá en parte nuestro futuro.

- ¿Cree que el resto de los seres vivos podrán soportar la presión humana?

- Esa es la gran pregunta. La mayoría solo pensamos en nosotros mismos y nos olvidamos del resto de los seres vivos. Hay que tratar de estabilizar el declive que estamos provocando y que ha empezado a acelerarse. Desde hace dos siglos estamos consumido y transformado el mundo natural. Únicamente los seres humanos somos capaces de hacer algo así y de tomar medidas mientras haya tiempo. 

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