Nuevos descubrimientos de científicos españoles sobre estos peces que pasan su vida en el mar y en el río
09 nov 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Durante siglos el origen de la anguilas europeas (Anguilla anguilla) estuvo envuelto en el misterio y la leyenda. Muchos naturalistas de la Antigüedad, como Aristóteles, Plinio el Viejo o Carlos Linneo, propusieron hipótesis que intentaban aclarar su nacimiento, algunas tan pintorescas como que surgían directamente del barro, de la mucosa desprendida de la piel de los adultos o a partir de trozos cocidos arrojados a un estanque con abundante vegetación. La verdad sobre el nacimiento de estos peces comenzó a conocerse en 1896, cuando el naturalista italiano Giovanni Battista Grassi (1854-1925) descubrió que los leptocéfalos (Leptocephalus brevirostris), considerados hasta entonces peces adultos, eran en realidad las larvas de la anguila. En la década de los años veinte del pasado siglo, el naturalista danés Johannes Schmidt (1877-1933) descubrió en el mar de los Sargazos gran cantidad de leptocéfalos de pequeño tamaño y diminutas larvas. También consiguió demostrar que, años después de su nacimiento, los leptocéfalos llegaban a Europa transformados en angulas que remontaban los ríos para vivir y crecer en ellos hasta convertirse en anguilas adultas.
Hoy en día sabemos que el desove de las anguilas en el mar de los Sargazos se produce al final del invierno. Las anguilas europeas tardan de seis meses a un año en llegar allí y recorren decenas de kilómetros diarios. Se calcula que las hembras pueden llegar a poner hasta diez millones de huevos. En lo que respecta a la costa española, las primeras angulas llegan al golfo de Vizcaya en octubre y comienzan a ascender por los ríos poco después. Lo hacen sobre todo en noches de viento, frías y lluviosas. Viajan siempre de noche y durante el día se esconden. Al llegar la época de reproducirse, que en los machos suele ser entre los seis y los doce años y en las hembras entre los nueve y los veinte, las anguilas comienzan el viaje de regreso al mar de los Sargazos, del que ya nunca volverán porque los adultos no sobreviven a la reproducción.
Desde Europa hasta el mar de los Sargazos, la ruta de las anguilas
Un equipo de investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales dirigido por Javier Lobón consiguió registrar con precisión la ruta de las anguilas desde los ríos europeos hasta el mar de los Sargazos. Utilizaron pequeños transmisores colocados en ejemplares adultos para establecer vía satélite su posición, profundidad y velocidad de natación. También registraron la distancia total recorrida por los peces y la temperatura del agua. Así descubrieron que las anguilas nadan en el Atlántico a una profundidad de 400 metros durante el día y de cien metros durante la noche y que recorren entre 3 y 47 kilómetros diarios. Algunos de los setecientos ejemplares marcados consiguieron completar el viaje en tan solo cuatro meses, pero otros tardaron más de un año en llegar. Así pues, en contra de lo que se creía, no todas las anguilas desovan al mismo tiempo. Los peces utilizaron varias rutas, pero todos finalizaron en el mismo lugar. Otro dato novedoso: en el recorrido existen varios puntos intermedios de encuentro, como el sur de las islas Azores. Durante su migración las anguilas han de sortear el ataque de atunes, tiburones y ballenas. Y un misterio que permanece: nadie ha visto o grabado el encuentro reproductivo de las anguilas.
Cada vez hay menos angulas en los ríos del Cantábrico
En todos los mares del mundo las anguilas están desapareciendo a ritmo alarmante. Se calcula que solo queda el 1 % de las poblaciones históricas. En aguas españolas la situación no es mejor. Javier Lobón, que lleva décadas estudiando las poblaciones autóctonas, calcula que solo remontan los ríos del Cantábrico el 5 % de las angulas que lo hacían en los años ochenta del siglo pasado. El descenso es llamativo incluso si se tiene en cuenta la enorme presión pesquera.
Algunos científicos relacionan este descenso con la presencia de contaminantes en las zonas de cría. Las anguilas desovan solo una vez en su vida, pasan la mayor parte del tiempo en los estuarios y tardan años en alcanzar la madurez. Durante ese tiempo, la presencia continuada de elementos tóxicos en el medio ambiente puede provocar malformaciones en los órganos sexuales de las anguilas adultas y envenenar a las crías. De todos modos, el ciclo biológico de la anguila es tan complicado que es muy difícil precisar en qué momento concreto del mismo la mano del hombre está incidiendo negativamente. Pero Lobón cree que, además de la sobrepesca, el deterioro y la eliminación de la mayor parte de los hábitats fluviales utilizados por las anguilas están detrás del enorme descenso de sus poblaciones (se calcula que, desde 1978, el número de anguilas europeas ha descendido en un 95%).