El mundo a los cuatro vientos Científicos franceses hallan en la lombriz marina un sustituto de la sangre humana que puede paliar la escasez mundial de transfusiones
22 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Uno de los peores traumas que se le puede crear a un niño en el colegio es que algún listillo chiquilicuatro lo insulte llamándolo «cabeza de miñoca». Si por casualidad le ha pasado, sabrá de lo que hablo. Vaya crueldad... Pero como presiento que usted no es como Dinio, a quien le entra un terrible dolor de ojos cada vez que abre un libro, me veo en la obligación de contarle que, pese a su mala reputación, las miñocas o lombrices marinas tienen sus cosas buenas. E incluso pueden salvar vidas. Ésta es la conclusión a la que llegaron los expertos de la Estación Biológica de Roscoff, situada en la Bretaña francesa, que descubrió en el gusano que utilizan los pescadores como cebo un sustituto muy eficaz de la sangre humana, que puede ayudar a reunir los 50 millones de litros de plasma que cada año se necesitan en el mundo para transfusiones. La hemoglobina En realidad, la arenícola marina -así se llama científicamente la miñoca- no tiene sangre humana propiamente dicha. Pero sí hemoglobina, que es la proteína sanguínea que se encarga de transportar el oxígeno a los distintos órganos del cuerpo y la responsable de que, alguna que otra vez, nos salgan los colores por alguna vergüenza. Pues bien, la hemoglobina, que en los humanos está encerrada en los glóbulos rojos, se presenta en la lombriz marina de forma libre, de tal forma que puede ser recuperada durante la disección del invertebrado. Hasta el momento, los experimentos realizados para encontrar una sangre natural o artificial que sustituya a la humana fracasaron debido a «graves problemas y efectos secundarios» para los pacientes, señala el francés Franck Zal, que patentó junto a sus colegas François Lallier y André Toulmond su descubrimiento con las lombrices. Los primeros resultados de sus investigaciones ya fueron ensayados con éxito sobre ratones y murciélagos, y pronto se le inyectará la sangre de miñoca a los primeros cobayas humanos. Sin embargo, el laboratorio farmacológico Biotril, asociado al proyecto, matiza que todavía se necesitan muchos tests clínicos y varios años para que la sangre de gusano sea puesta a disposición de los servicios de urgencia de los hospitales. Pero parece evidente que se abren grandes perspectivas para lograr un remedio a la carestía de las transfusiones, sobre todo si se tiene en cuenta que la miñoca, que es toda una campeona, puede ser donante universal, pues sus moléculas de hemoglobina carecen de Rh y de grupo sanguíneo, lo que las haría compatibles para todos. Algo especial En cierto modo, mucha gente en Galicia ya intuía que este pequeño ser subterráneo, que es macho y hembra a la vez, tenía algo especial en su interior. Aun sin saber exactamente el qué, quizás los más mayores recuerden eso del aceite de miñoca contra el reuma, por no hablar del caldo de miñoca para espantar el meigallo. Incluso en la Consellería de Pesca se encendió de alguna forma la lucecita cuando trató de convencer a varias confradías de pescadores de las Rías Baixas que elaborasen planes específicos para extraer esta lombriz, más que nada por lo que pudiera pasar. Por eso, que ahora vengan los franceses a decir que la arenícola marina tiene un gran futuro por delante no está nada mal, pues, como descubrió el bueno de Charles Darwin, una hectárea de terreno húmedo puede contener hasta diez millones de miñocas.