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Lugo no es una ciudad cualquiera

Miguel García

CDLUGO

Óscar Cela

09 ene 2022 . Actualizado a las 20:07 h.

Llegué a Lugo en la temporada 1988/1989, la misma que arribó Ricardo Hevia. Los dos asturianos, los dos deportistas, uno futbolista y otro entrenador de baloncesto. Compartimos alojamiento, disfruté con él alguna comida en La Oca, cafeteamos y me divertí con sus desenvueltas charlas callejeras. Hablábamos más de fútbol que de baloncesto, él sabía mucho más de lo mío que yo de lo suyo. Teníamos amigos y conocidos comunes en nuestra querida Asturias. Dialogante nato, conversador natural, comunicador sencillo, espontáneo, franco, llano, campechano, abierto... Llegó a Lugo como llegamos tantos deportistas, con un contrato bajo el brazo de meses, un año o a lo sumo dos. Un año se pasa en cualquier sitio, es lo que sueles pensar cuando sales de casa, pero Lugo no es cualquier sitio. Ricardo se quedó y yo también, como otros muchos. Porque esta ciudad te atrapa, te engancha, te seduce, te cautiva, te enamora, te conquista. Acabó sus días en ella, como otros muchos lo han hecho, como algunos haremos, síntoma de querencia, de pertenencia, de apego. Las ciudades se hacen con lo propio y con lo ajeno. Lugo sabe de importaciones deportivas porque Lugo es muchas cosas y también mucho deporte. Lugo, Breo, Ensino, Emevé… y más disciplinas deportivas y muchos más clubs. Se acaba el deporte y sigue la vida, un proyecto de vida, una familia, hijos, y ya formas parte de este lugar, eres más de aquí que de cualquier otro sitio.

Del partido, primera parte con alternativas con idas y vueltas sin ningún ganador claro, pero con un necesario gol rojiblanco. El Lugo supo dar donde más duele al adversario, al final y al inicio de cada parte. El escenario propicio, los locales sin la responsabilidad del balón y con la ansiedad visitante. La segunda parte se hizo larga porque el Mirandés no se rindió nunca. No hay triunfo sin sufrimiento. El equipo volvió a ganar. Sobre el césped, jugadores que no son de Lugo. Quién sabe qué sorpresa les deparará el destino. Seguro que alguno seguirá el devenir de Ricardo, otros se marcharán, pero dejarán un trozo de su corazón aquí. Agradezco a Lugo, al deporte, a la vida que me haya puesto en su camino. Este artículo va dedicado a él, y a tantos que encontraron un lugar, el mejor lugar posible, en esta ciudad, en esta provincia, arrebatadora de sueños, poseedora de encanto, atrayente y cautivadora. Adiós, amigo.