La credencial del Emma Cuervo

Murillo

CDLUGO

03 ago 2014 . Actualizado a las 18:33 h.

Los bolos de pretemporada apenas cuentan en los anales de los equipos. Dentro de ese grupo, existen algunos que ya adquieren carácter semioficial por el prestigio o antigüedad de los mismos. El Lugo llegaba al Emma Cuervo con un bagaje más que discreto de los precedentes encuentros preparatorios. El rival de ayer, el Sporting de Gijón, poseía divisa de rival directo en la Liga Adelante. Los técnicos ya comienzan a manifestar sus intenciones y los equipos ya se forman con más aproximación a la titularidad. Setién casi sacó de salida un once competitivo. Siguen faltándole los mimbres de ataque y la espera ya comienza a inquietar...

El primer tiempo fue un manual Setién: el Lugo montó los rondos en torno a José Juan, ante la intensa presión asturiana en la salida del balón. Apenas pérdidas del cuero atrás, anularon el peligro y las escasas llegadas del Sporting. La movilidad de Valle y las ayudas de Ferreiro ensancharon el terreno y permitieron el desahogo del centro del campo lucense y la posesión del cuero. Encima, las contadas llegadas lucenses tuvieron una inhabitual eficacia en los hombres de atrás. Pavón cabeceó su segundo gol de pretemporada y Manu consolidó su especialidad desde el punto fatídico, tras el derribo sobre Iago Díaz. El 2 a 0 al descanso reflejaba lo sucedido en esta primera parte, la mejor del equipo lucense en esta pretemporada.

Un diluvio posterior convirtió el terreno de juego en una piscina y en una quimera los erróneos intentos de los lucenses por mantener el criterio anterior, donde los pases cortos le regalaron al Sporting las suficientes oportunidades no solo para la remontada, sino para golear a su rival. Al empuje de los asturianos se sumaron los despropósitos rivales, la inseguridad de Dani Mallo y su estatismo, y el empate llegó como mal menor. Las dos caras del Lugo quedaron grabadas en Ribadeo. De una actuación convincente se pasó a una debacle.

Los penaltis fueron el bálsamo que le dieron a los de Quique Setién dos lecciones. Y el Emma Cuervo una credencial a medias, bajo el diluvio.