Las mujeres y novias de los futbolistas, apoyo clave en el ascenso del Lugo
27 jun 2012 . Actualizado a las 21:56 h.Estuvieron en Éibar, también en Palma de Mallorca, y lloraron de alegría en Cádiz, como todos los aficionados del Lugo, cuando Manu transformó el quinto penalti de la tanda y el equipo se colocaba en la órbita de la Segunda División. No se trata de unas seguidoras más, sino las esposas y novias de los jugadores rojiblancos, las primeras hinchas, en lo bueno y en lo malo.
«Nunca había vivido algo así», explica Verónica, la mujer de Garrido, sobre los sentimientos desatados al finalizar el partido contra el Cádiz, de lo vivido el lunes, con el baño de masas, la explosión de cariño de toda una ciudad entregada a los héroes del ascenso. El culmen de una temporada «inolvidable», en sus propias palabras.
Un año en el que todas se han convertido en algo «más que amigas». «Llevo con Diego seis años fuera de casa, lejos de Santander, pero nunca había visto tanta unión en una plantilla, entre nosotras», relata. El compañerismo vivido en el vestuario se ha extendido a fuera.
Camisetas y pancartas
Una comunión que se transformó en inquietud, que les llevó a formar algo parecido a una peña futbolística. «Hacíamos una cena solo de mujeres cada 15 días», desvela. En ellas pergeñaban sus actividades como supporters: «Hemos hecho camisetas, pancartas, hemos cantado, gritado...».
Se pudieron ver en el campo de Ipurúa, y también en el Estadi Balear. Siempre con los colores rojiblancos como protagonistas, dejándose la garganta en los cánticos, en las voces de ánimo, entregadas al equipo y al sueño del ascenso.
Uno de los momentos cumbre fue tener la opción de vivir las horas previas al partido de Cádiz en el avión en el que se desplazó la plantilla a tierras andaluzas, aunque luego viajasen en autobuses separados. Los nervios de las días, las horas previas. Y a la vuelta, después de una noche de festejos, de no conciliar el sueño.
Y juntas sufrieron y se emocionaron en la grada del Ramón de Carranza. «Qué tensión, qué nervios. En la prórroga ya no sabía qué iba a hacer. Hubo un momento en que dudé si marcharme o no, cuando nos metieron el gol al poco de empezar la segunda parte», recuerda. Se abrazó entonces a, Ana, la mujer de Quero, y no pudieron contener el llanto. Afortunadamente, el disgusto mutaría en una «alegría incomparable» apenas una hora después.
Hacia ellas se dirigieron los héroes del ascenso al finalizar el partido, como aficionadas, hinchas. «Todo lo que hemos vivido ha merecido la pena», señala.
Una ciudad volcada
Ya en Lugo, acompañaron a sus parejas a cierta distancia en la Diputación, aunque la apoteosis llegó en el Concello, ante los miles de aficionados que se agolpaban en la Praza Maior, expectantes, esperando a que salieran los futbolistas para darles una ovación tan multitudinaria que pocas veces se había visto en la ciudad.
Los jugadores en el balcón principal, y ellas, cámaras y teléfonos móviles en mano, en el de al lado, para no perderse detalle, para inmortalizar algo imposible de desvanecer en la memoria. Y un instante imborrable: cuando Setién se abrazó allí a su mujer y a su pequeña de dos años.
Porque para los niños de los futbolistas también fue un acontecimiento. «Se lo contaré a mi hija Claudia», asegura Verónica. Tiene siete meses y nació en el transcurso de esta temporada. Para la compañera de Garrido, la visión de los miles de aficionados desde el Concello fue «increíble e inesperada».
Crónica recorrido en primera persona hacia la división de plata