El Oviedo invade el Ángel Carro

Miguel Álvarez LUGO / LA VOZ

CDLUGO

Invasión carbayona en la ciudad de las murallas. Alrededor de 2.000 hinchas del Oviedo viajaron al Ángel Carro con su equipo para presenciar el encuentro ante el Lugo. Fiesta por las calles y en el estadio, empañada por momentos de alta tensión. Dos aficionados necesitaron atención médica y otro par de ellos fue desalojado del recinto. Al final, reparto de puntos y resolución de la jornada con más ruido que nueces.

La presencia de simpatizantes del Oviedo en Lugo se hizo notar desde la noche del sábado. Y horas antes del choque, un goteo de aficionados ataviados con el color azul dibujó a pie el camino hacia el estadio del conjunto rojiblanco. Los momentos de tensión se empezaron a vivir en los aledaños. Algunos hinchas asturianos viajaron a la ciudad de las murallas sin entrada, por lo que, una vez que vieron peligrar el acceso al recinto, entonaron un cántico que daría mucho juego durante el encuentro: «¡Esto no es un campo, es un futbolín!».

El duelo arrancó con un ritmo frenético. Y el Oviedo, que salió en tromba, anotó el primer tanto a los seis minutos. Alegría azul desbordada que, en la esquina sureste del estadio, se tradujo en una avalancha de aficionados carbayones. La valla de contención cedió y, como consecuencia, un hombre y una mujer tuvieron que abandonar el campo acompañados por la policía para recibir atención médica. Nada grave, por suerte.

La tensión siguió creciendo enteros y las aficiones de ambas escuadras comenzaron a desafiarse con gestos y cánticos. Como fruto de los piques, dos hinchas asturianos fueron acompañados por las fuerzas del orden hasta la puerta de salida.

A vueltas con el futbolín

Incidentes verbales y algún intento de agresión salpicaron el paisaje en las gradas. Y, cuando el Oviedo marcó el 1-2, los carbayones encontraron un momento de enorme felicidad. «¡Que bote, que bote, que bote el futbolín!», cantaban en un Ángel Carro en el que la parroquia local se agarraba a la remontada.

Tras el empate posterior (2-2), los aficionados del Lugo respondieron: «¡Hay que jugar en este futbolín!». Como colofón, se produjo el desalojo pacífico de los graderíos tras una tarde de fútbol.

El hombre de la imagen abandonó el estadio después del primer tanto del Oviedo. Cojeaba ligeramente. También recibió atención una mujer que dejó la instalación conmocionada.