FÚTBOL / RACING
01 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El presidente del Lugo se frotaba los ojos completando un camino que había hecho mil veces bajo la soledad, meditando sus penurias en Segunda B. Eliseo Corral advirtió el estruendo que salía del Ángel Carro desde la explanada de la Feria de Muestras lucense. La marea verde había traído a la costa del Miño la pasión por el fútbol olvidada en la última década. Allí, en el fondo, los intrépidos aficionados del Muralla Norte, el único grupo organizado con cierta mentalidad radical de la capital lucense, habían dejado su espacio y sus cánticos. «Hoy me voy a desgañitar. Vuelvo a ser del Racing por un día», se escuchaba a Míchel, uno de los jugadores del Lugo que han puesto Ferrol de moda en la capital amurallada junto con Sito y Rico. «Esto es un desfase, da gusto verlo», se relamía Eli, el carismático utillero del club local. Toda la plantilla rojiblanca asistió a la gran cita, lo mismo que algunos miembros del Yaya María, el equipo femenino del Breogán de baloncesto. Dieciocho autobuses y decenas de automóviles descargaron cerca de cuatro mil seguidores ferrolanos. Los detalles revelaron que el fútbol sigue siendo grandioso, pese a acomodarse en un feudo gobernado por el baloncesto. El vicepresidente racinguista, Pepe Criado, entregó un escudo en cerámica al máximo responsable lucense en el descanso. Hasta los miembros del Infierno ferrolano ovacionaron la señal de unión entre dos mundos hasta ayer antagónicos. La relación de personalidades era extensa: desde entrenadores (Fernando Castro Santos, Fabri y Eduardo Fernández Abel), pasando por agentes (Suso Martínez) y ojeadores (Luis García), políticos (Xaime Bello, alcalde de Ferrol y Marcos Cela, concejal lucense de medio ambiente) y ex-árbitros (José López de la Fuente). Pablo, muy aclamado por su pasado rojiblanco, asistió con envidia al regreso multitudinario a su antigua casa.