FÚTBOL / SEGUNDA B Fabriciano González, un entrenador incomprendido en el Ángel Carro Ya es un clamor. La amargura con que Julio Díaz dio el portazo a su tercera etapa en el Lugo ha encontrado el eco amigo de un íntimo. Fabriciano González llevaba mucho tiempo sufriendo las embestidas del duro entorno rojiblanco tras trabajar en el Ángel Carro el año pasado. El técnico de Santa Comba, que acaba de cerrar un ejercicio exitoso en el Ovarense luso, ha tardado en desahogarse, «porque nadie me ofreció la oportunidad de hablar y me respetó como amigo». Su visión del Lugo es apocalíptica y carga duramente contra su máximo dirigente, pero, eso sí, como Julio Díaz, diferencia al Eliseo Corral gran persona del pésimo presidente.
15 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Su currículo es su mejor aval. «Me ayudaron a llegar a un equipo de Tercera, pero después todo lo que me ha venido ha sido a cuenta de mi esfuerzo», apunta. Con humildad, salió de Santa Comba para trabajar dos años en Segunda y alcanzar la Primera. Hasta sustituyó a todo un Juanito en el banquillo. «Por eso duele regresar a casa y que te pase por encima una apisonadora». ¿Por qué? «Porque tuve dos fracasos -responde-, en un Elche que era líder y un Murcia que estaba arriba. Quise ser legal y como no tengo mano izquierda para torear como Fernando Vázquez, así me fue». Eso sí, algo tendrá el técnico lucense que más lejos ha llegado y el que puso Sarria de moda en pretemporada. Pero la trituradora de Corral -va a por el quinto entrenador en cuatro años- también le despedazó. -¿Acabó muy quemado en el Lugo? -El Lugo es un club a la deriva. Fabri llevó las culpas y las sigue llevando de muchas cosas. Eso beneficia a todos los estamentos del club. Desde cuatro años antes de entrar yo va perdiendo gas a todos los niveles. -¿Por ejemplo? -Está perdiendo poder social y adquisitivo. Durante unos años se mantuvo por los traspasos. Ya no hay más para traspasar y la situación es angustiosa. -¿Admite sus fallos? -Sí. Vine al Lugo con todo mi corazón, para hacer un equipo e intentar cambiar cosas, pero fue imposible. Mientras en Lugo no aparezca un líder futbolístico a nivel de presidente como en Almendralejo, Villarreal, Santiago o Soria, el fútbol no tendrá solución. Si no llega una persona con inteligencia que cambie todo lo establecido, capaz de poner en su sitio a cuatro o cinco cánceres que siguen merodeando, no habrá nada que hacer... seguiremos avanzando hacia la nulidad en capacidad de gestión. -¿El problema, por lo tanto, está dentro y fuera? -Sí, también hay cánceres dentro, como cuando yo estaba. Eran los que más cobraban y todavía hoy veo en la prensa que siempre son la figura. -Cuando se fue le echaron en cara que metió al Lugo en apuros económicos. -El año que estuve en el Lugo el Breogán se deshizo de varios jugadores. Yo me equivoqué en tres futbolistas sobre catorce. -También le acusaron de traidor por denunciar al Lugo, como ahora Cantarero y Díaz. -¡Por favor! Si Fabri ha hecho hasta de taxista en el Lugo. Me pillé los mayores catarros de mi vida, teniendo que cambiarme en el Pabellón Municipal por las obras del campo. Y luego empezamos a jugar en Vilalba y Sarria. Julio hace bien en denunciar, porque trabajó como un desgraciado y se le fue la salud. -Hasta el «caso Álex» le salpicó. -Si futbolísticamente hay una persona de Lugo conocida en España ese es Fabri. Por eso muchos amigos me piden informes. El secretario técnico del Levante es testigo de que mis consejos fueron definitivos para su interés por Álex, lo mismo que el Mérida con Canabal. Y el Mérida quiso a Álex por lo mismo. A partir de ahí, Fabri no hace contratos; si hay acémilas que no saben hacer las cosas... -¿No se arrepiente de aventurar que en tres años el Lugo podría estar en Primera? -El Lugo es una mina, pero hay que bajar a ella a extraer el mineral. Gente como Eduardo en la oficina y Corredoira en la parte comercial hay que mimarla.