Los viejos centros veterinarios resisten mal el paso del tiempo

Santiago Garrido Rial
s. g. rial CARBALLO / LA VOZ

ZAS

Servían para la inseminación de las vacas. Sin criterios estéticos mínimos, hace más de 20 años que no se usan

07 may 2016 . Actualizado a las 12:21 h.

Todavía llaman la atención a los visitantes de municipios donde no eran tan frecuentes. Para quienes han convivido con ellos durante decenios casi pasan desapercibidos, de no ser por su nula calidad estética, o porque la maleza los acaba comiendo. Son los centros de inseminación, o centros veterinarios, comúnmente llamado centros as secas. Eran el punto elegido para la inseminación de las vacas, generalmente con dos casetas: la principal, en la que el profesional realizaba su trabajo, y la de al lado, donde reses y propietarios esperaban su llegada.

Estaban situados en lugares más o menos estratégicos, al menos uno por parroquia, o equidistante a varios lugares con actividad vacuna relevante. Que entonces, cuando casi todas las vacas tenían al menos una, lo eran casi todos.

Para su construcción se aprovechó el trabajo comunal y los baldíos generados por las parcelarias o los terrenos vecinales que ya existían, o incluso cesiones. Tuvieron mucha actividad, pero ahora su existencia no tiene ningún sentido. Nicolás Calvo, veterinario de Baio que trabaja en buena parte de la Costa da Morte, cree que dejaron de ser usados a mediados de los noventa, o más bien al principio. «Xa non tiña sentido, empezou a haber pistas asfaltadas a todas partes, e era máis cómodo ir directamente ás cuadras», señala. Además, las vacas se concentraron más en explotaciones importantes, y se abandonó el minifundio excesivo. Otro cambio vino de la existencia del móvil: en los centros, había que estar uno o dos días a la semana (incluso todos, en alguna zona), a una determinada hora. Después, con la llamada se arreglaba todo. Pero hubo un paso intermedio de aviso: los plásticos rojos de las casas de mineral. Serían de aviso y guía hasta la vivienda correspondiente.

Por unos y otros factores, el centro acabó dejando de usarse. También estos casetos habían acabado con la larga época de llevar a los animales al buey, con caminatas muy superiores. Calvo señala que en sus rutas habitualmente ve unos cuantos, pero incluso va por municipios. En Carballo, por ejemplo, quedan muy pocos. En Zas hay unos cuantos a la vista, En algunas partes han desaparecido del todo.

 

Arquitectura simple

Su arquitectura era y es muy sencilla, con tejado de uralita y tres paredes de bloques. Ocurre en algunos puntos que, ya en estado ruinoso, casi se confunden con viejos garajes con una pequeña entrada, que tenían su función cuando no había carretera asfaltada hasta la casa de su propietario. El efecto estético es el mismo: adefesios urbanísticos que incrementan aún más el nivel de feísmo en áreas en las que tampoco se cuidó excesivamente en el resto de construcciones.

 

Golmar. A escasa distancia de un cruce de caminos, en una zona todavía muy viva en cuanto a agricultura. foto J. M. CASAL

 

San Cremenzo. A unos metros del río y del campo de la fiesta, junto a un camino que quedó de la parcelaria. foto s. g.

 

Gándara. En concreto, en uno de los extremos del lugar de Sobreira, a unos pasos de A Pedra, ya en Nantón (Cabana).