«Os grupos viñeron tocar gratis porque non tiñamos un peso»

El germen del Asalto ao Castelo de Vimianzo fue una fiesta folk que se celebró hace 23 años ante el pazo de Trasariz

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Carballo / la voz

La foto

En el verano de 1996 la Asociación Xuvenil Val de Soneira (Axvalso) decidió montar un festival folk que solo tres años más tarde se convertiría en el ya famoso Asalto ao Castelo de Vimianzo. Eligieron el entorno del pazo de Trasariz, con el permiso de los propietarios, y además de convencer a los grupos para que tocaran gratis. Uno de los principales trabajos era la adecuación del espacio para la fiesta, por la que cobraban entrada. Fueron los miembros de la entidad los que se ocuparon de desbrozar la parcela en varias jornadas de labor.

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Los protagonistas

No están todos los que son, pero son todos los que están. Los que hicieron posible la fiesta folk que desembocó en el Asalto ao Castelo de Vimianzo fueron muchos más que los que aparecen en la imagen: José Luis Gómez, Loli Castiñeira, Carlos Gómez, Gustavo Calle y César Queiro, que está en Suiza, (en orden de adelante atrás). Al margen de este quinteto, hubo muchísimos colaboradores que además de limpiar la finca, sin aparecer en la foto, se ocuparon de la cantina durante horas, ya que era la única fuente de ingresos que entonces Axvalso.

La historia

Axvalso era hace 22 años una asociación nueva, llena de jóvenes entusiastas. En 1996 decidieron organizar una fiesta folk que llegó tener tres ediciones y de la que surgió el Asalto ao Castelo de Vimianzo. José Luis Gómez, Jota, era entonces el presidente de la entidad. «Non tiñamos un peso e os grupos tiñan que vir tocar gratis. Había que buscar a un que tiña un amigo que tocaba e así un atrás doutro», recuerda Jota. A los músicos se les daba de comer y de beber gratis, pero los demás tenían que pagar 200 pesetas de entonces (1,2 euros de ahora) que se dedicaban a sufragar los gastos de alquiler de amplificación, el palco y otros. Debido a la falta de medios, el festival se hacía un poco corto, por lo que hubo que buscar el modo de alargar la fiesta. «Vicente Mohedano, o actor, foi dos que empezou e dixo de ir ata o castelo. O primeiro ano fomos sen nada, a dar unha volta, pero o segundo xa levamos uns fachos e no terceiro xa tiñamos tamén ariete», recuerda. Era entonces 1998 y al año siguiente nació el Asalto propiamente dicho.

Jota era presidente de Axvalso, una entidad que no recibía ni siquiera dinero de la Diputación, por lo que funcionaba a base de voluntarismo puro y duro. «Non era como en Baio, onde só estaba Adro, en Vimianzo todo o mundo tiña unha asociación por conta propia», recuerda José Luis Gómez. Sin embargo, lo que hacía más difícil la labor de la entidad era que «o Concello facía competencia con nós», explica.

Sin medios económicos, la entidad puso en marcha actividades deportivas como el torneo de fútbol sala, entre otras cuestiones, pero se encontró con que el Ayuntamiento contraprogramaba. «Antes non había nada, pero o Concello, a base de cartos, facía actividades con monitores pagados e nós non podiamos aguantar», apunta.

Tres años

Sin embargo, el festival duró tres años. En la primera edición estuvieron Rueiro da Cancela, de Adro, que repitió para el año siguiente, y los grupos Ramo Cativo y Keltoi. En la segunda edición, 1997, ya se hacía referencia a un «asalto» al castillo. Entonces, además de las pandereteiras de Adro, estuvieron Rumbadeira y Nordés. La última edición fue en 1998 y los grupos que animaron el ambiente fueron Xeque Mate, Driade y las pandereteiras de Raigañas de Cerqueda.

A Jota le llama la atención lo que han cambiado las cosas en apenas 20 años. Recuerda que entonces tenían un mini, que en nada se parece al vehículo familiar que tienen en estos momentos.

También rememora que fue un desencuentro con los propietarios del pazo de Trasariz, en el que ayer había actividad, el que motivó el traslado al entorno del castillo, lo que dio mayor impulso al Asalto, una fiesta a la que todos los que formaron parte de aquella fiesta folk siguen ligados. «Non o perdemos por nada do mundo», asegura José Luis Gómez, apoyado por sus compañeros.

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