Los apellidos que se van poco a poco


Las hemerotecas son un tesoro que permiten, entre otras muchas funciones, descubrir cómo se van perdiendo otros. Por ejemplo, los apellidos. Son, como los topónimos, la memoria de una estirpe, una comunidad, una comarca. Especialmente los transparentes, los que nacieron en un determinado lugar y su portador fue expandiendo ese nombre, ya fuese en el mismo entorno (en la Costa da Morte, por el aislamiento secular, hay muchos casos), ya lejos (la emigración llevó hasta Ushuaia, por citar uno solo, Touriñán). Pero igual que nacen y crecen, los apellidos mueren. Hace unos días, el IGE hacía públicos los nuevos datos estadísticos por municipios, también de los nombres, algo que no ocurría desde el 2014. Es el momento, bienal o trienal, en el que más de uno se toma su tiempo para analizar cómo le va a nuestro mapa onomástico.

Pero volvamos al tema de las hemerotecas: son las que permiten analizar, sin que lo marque el calendario, lo que hubo y lo que se perdió. Sería tarea ingente indagar uno por uno, así que elijamos uno al azar: Verdillo. Así, con V, tan debatida en su momento para el topónimo. Rebuscando en los fondos de La Voz aparecen muchos Verdillo, apellido que hoy ya no existe. Y todos tienen vidas detrás. Como José Riobóo Verdillo, que falleció en enero del 29, a los 42 años, de bronquitis. O Josefa Domínguez Verdillo, soltera de 35 años, con una hija de 13 y otra de 11. Murió por una intoxicación en mayo de 1931. O el capitán del Ejército Maximino Verdillo Lucio, de viaje en el Bierzo en enero de 1933. O Nicolás Torreiro Verdillo, herido en octubre del 24 por una mujer. Y así muchos más supuestos. A partir de los años 40 se pierde ya el rastro de este apellido, aunque seguramente duró mucho más, especialmente por la zona de Oleiros y Cambre.

En la Costa da Morte hay varias decenas de apellidos que también viven sus últimos años-decenios. O sus penúltimos portadores. No es algo inminente, pero con el tiempo irán mucho a menos. Cada vez es más complejo saberlo, porque ahora el IGE no ofrece datos si los registros son inferiores a cinco poseedores. Así, por ejemplo, de Pondal no consta nadie, cuando en realidad al menos en Corme hay una mujer que lo lleva. En otros casos no es tan extremo: de Coscoñas figuran solo 11, todos en Vimianzo, pero sin duda habrá más en el entorno. Verdiñas aparecen 24 en Carballo. Caberta, origen muxián, 17, y todos en Cee. Infesta, solo 22, la mayor parte en Vimianzo. Lizancos aparecen 14, todos en Fisterra. Pardines, 15. Los escasos Carballés, Baldayo, Aldemunde o Bergantiños residen fuera de la zona. Nacieron en ella, pero solo quedan los ecos.

Autor Santi Garrido CIUDADANA

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