Reportaje | Día de feria en A Piroga Los precios logrados en el mercado de Baio no fueron bajos, anque cada vez hay menos compradores y vendedores en la comarca y se pierde una tradición de décadas
20 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Es un negocio, pero también una tradición. Llevar las fabas a la feria, sacar unas perras para ayudar a las humildes economías, volver a casa con las sacas vacías y los bolsillos un poco llenos, o invertido el dinero en la ferretería (una hoz, una guadaña, piedra de afilar), en el bazar (algo para la cocina, un juguete para el niño) o en cualquier comercio. Nunca mucho. Nunca suficiente para cubrir el trabajo: arrancar las habas de la leira (antes era peor, cuando estaban enroscadas en los pies del paíz), llevarlas a casa, secarlas, mallarlas, limpiar, guardar, pesar... Esto va un poco a menos. Lo dice, por ejemplo, Víctor Morgade, larachés de 70 años, quizá el comprador más veterano del occidente de la provincia, heredero de una tradición secular que él ya recogió de los antecesores de sus suegros, de los tiempos de las mulas arrastrándose de feria en feria. Hace ya mucho que la mecánica entró en su vida, pero la técnica del negocio es la de siempre: buena mano y mucho ojo. Situación Los habituales de la feria de Baio le conocerán por situarse en el cruce del puente, frente a una tienda de muebles. Mandilón azul, boina y regateo en alto. En los mejores años, podría tener a 30 competidores repartidos por dos calles, cada cual compitiendo a grito vivo por los clientes. El domingo pasado eran cuatro compradores. Ni siquiera estaba ya él, sino su hijo Ángel, que sigue el negocio. Adquirieron entre seis y siete toneladas, no está mal, pero ahora se reparte entre muchos menos. Víctor no pierde la oportunidad, entre bromas, de animar a los jóvenes a que siembren las leiras que heredan con fabas. Pero es un riesgo. Como este año. Las de la primera tanda, plantadas a finales de abril o principios de mayo, salieron mal. El calor, la niebla, las hierbas malas, todo influyó. Las segundas ya han sido mucho mejores, pero es cuentión de suerte o de hábitos por parroquias, y cada año le toca al que le toca. Los resultados económicos se empezaron a ver en septiembre y seguirán hasta noviembre, por lo menos. El domingo, en Baio, la del riñón se pagó a una media de 2,5 euros el kilo. La pequeña, la del caldo, apenas llegó a un euro, y la asturiana, la del marisco , como la llama Víctor Morgade, por su calidad, estuvo entre 4 y 5 euros. Un lujo que compensa, pero esta clase aún no está muy extendida por la zona. De colores También estuvo en Baio José Manuel Mancebo, vecino del barrio carballés de A Milagrosa, joven aunque experto en la bolsa fábica , no en vano lleva desde los ocho años de feria en feria junto a su madre, y se conoce bien los secretos del oficio. Asegura que el centro del negocio de la comarca, hoy en día, está en Carballo (llegan clientes incluso de Betanzos), donde hasta venden una clase habas muy especiales, las de colores, que se producen sobre todo en el municipio de Coristanco, y que tienen como destinatarios mercados muy especiales. En Ponteceso también se maneja un cierto volumen de compraventas, y poco más. Las ferias de la zona ya no son lo que eran. No, desde luego, lo que eran cuando Mancebo era un niño y Morgade comenzaba a vocear con su mandilón azul.