«La gente del rural no son objetos que podamos clavar con una chincheta»

Juan Ventura Lado Alvela
j. v. lado CEE / LA VOZ

CORCUBIÓN

JORGE PARRI

El ingeniero de montes Jesús de la Fuente considera que la situación es tan extrema ya que de la gestión forestal depende la propia seguridad

11 mar 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

El ingeniero de montes Jesús De La Fuente Villar (Basilea, 1965), ahora metido en tareas docentes, fue uno de los expertos participantes en la charla de ayer sobre gestión forestal sostenible organizada por Boca de Sapo en Corcubión. Habla de autogestión, organización rural y del territorio y diversificación como claves para romper con una situación que ya es límite e implica problemas graves de seguridad.

-¿Qué falla para que con el potencial forestal que tiene Galicia no sea una potencia productiva?

-Fundamentalmente falta planificación territorial, que es lo que podría dinamizar el sector forestal. Que se organice el territorio alrededor de los núcleos, del entorno de los ríos,... pero no como se hizo en el plan del 92, sino con un enfoque distinto centrado en todo lo que puede producir el monte, en el aprovechamiento de sus recursos, que es lo que puede generar un tejido forestal. Las políticas hasta la fecha lo que han hecho es provocar o favorecer el éxodo rural, centrándose en la rentabilidad a corto plazo, fundamentalmente a través del pino para triturar y el eucalipto para pasta, que no necesitan árboles de tamaño grande y lo que crean es un continuo de combustible menudo altamente inflamable.

-¿Tiene la culpa el eucalipto?

-No se trata de demonizar una especie en concreto, el eucalipto en este caso, porque eso no ayuda a enriquecer el debate. De lo que se trata es de romper los monopolios, de crear diversidad en el monte, porque la situación es tan extrema ya que ahora se trata más de un problema de seguridad: de pensar en los incendios, en el agua,... porque la gente de las aldeas que sufre los fuegos, encima se queda sin agua, porque son los árboles, la vegetación del monte la que sustenta esos recursos freáticos. ¿La producción de eucalipto es lo ideal? No. Pero una plantación de eucaliptos a largo plazo, bien gestionada, que no utilice fitocidas, sin un subsolado mal hecho que genere lías de erosión o un destoconado que remueva una gran cantidad de suelo, ¿por qué no si a ellos les funciona? Es mejor eso que un eucaliptal abandonado. De lo se trata es de que no haya un continuo de eucaliptos o de otra especie, que luego llegue un incendio y no exista manera de pararlo.

-¿Cómo se consigue esa diversificación?

-Pasa por conseguir divulgarlo poco a poco, porque hay ejemplos exitosos de otra gestión del monte, de usos comunes y de crear seguridad en torno a las aldeas. El problema es que falta una iniciativa clara que se ajuste. La gente del rural no son objetos que podamos clavarlos en el territorio con una chincheta. Lo que tenemos que hacer es ayudarlos a autoorganizarse y defenderse del fuego, como han hecho siempre. Se necesitan mediadores, lo que la ONU llama facilitadores, gente que les ayude a ponerse de acuerdo. Igual que se le dan subvenciones a empresas que a lo mejor no lo necesitan tanto para ser más competitivas, aquí hace falta un equipo de mediadores que le explique a 10-15-20 lugareños -que lo necesitan como el comer- que a lo mejor tienen en la aldea un adolescente rozando la mayoría de edad que no saben que hacer con él y que puede hacerse con un rebaño de cabras, eliminar eucaliptos alrededor de la aldea y crean un puesto de trabajo.

«Las políticas tienen que estar mucho más dirigidas a la mujer, como dinamizadores forestales, que al hombre»

De La Fuente se muestra descreído ya con lo que pueda aportar la Administración y apuesta porque las comunidades se organicen.

-¿Donde está la clave para protegerse de los incendios?

-En crear una orla de seguridad en torno a las aldeas -también de las ciudades, no hay más que ver lo que pasó en Vigo en octubre-, en una primera capacidad de ataque y un protocolo de autoevacuación. Además tenemos el apoyo legal, con una franja de protección en torno a los núcleos o los cauces fluviales, porque la gran red hidrológica de Galicia son un verdadero cortafuegos natural. No se trata de que la Xunta se ponga a perseguir a los ciudadanos porque eso no es positivo, sino apoyar a aquellos que se han puesto de acuerdo. Si, por ejemplo, en una aldea quedan 10 fincas que no se suman, pues ahí será donde la Administración tenga que intervenir con todo, para que se unan o sino que cedan el terreno. Las comunidades de montes son un buen instrumento, tienen cierta capacidad de gestión y podían generar puestos de trabajo, pero no se han aprovechado como impulsoras de esa organización en los núcleos.

-¿Debe venir de abajo arriba?

-Yo es que en la Administración ya creo poco. A la gente que todavía tiene energía para vivir en el rural no nos queda otra que ayudarnos los unos a los otros. No todo va a salir. Yo intenté una organización forestal en Ponte Caldelas, cuando vivía allí, y no me fue posible, pero habrá otras que si puedan y solo necesitan un pequeño empujón. Los paisanos saben por donde les va a venir el fuego, saben que personas tienen una movilidad reducida, que vehículos son mejores para utilizar en el caso extremo de que tengan que evacuar. Con un mínimo de ayuda, porque muchas veces tienen cisternas y otros recursos, podría suponer un alivio enorme para la Administración, siempre sobre la base de que solo ellos pueden decir, confiar en ellos mismos y no esperar a lo que les diga el técnico de turno. Ahora bien, creo que las políticas tienen que estar mucho más dirigidas a la mujer, como dinamizadores forestales, que al hombre. Generalmente son más echadas para adelante a la hora de actuar.