El lago azul de Cerceda

La mina de lignito de As Encrobas, cerrada hace diez años, alberga un ecosistema de más de mil hectáreas, con un lago de dos kilómetros abierto a muchos usos


carballo / la voz

Hace más de 20 millones de años, una gran laguna salada ocupaba una parte de los que ahora es Cerceda. Después se solidificó y se transformó en lignito. Desde 1980 hasta hace 10 años, se explotó como mina y se extrajeron 94 millones de toneladas de carbón. Dejó un enorme vacío de más de 200 metros de altura en su parte central. Hoy ese hueco está de nuevo lleno de agua. Las vueltas que da la vida. Y el plan de restauración y regeneración, efectivo gracias a los 60 millones de euros de Gas Natural Fenosa, la propietaria del enclave.

El lago de As Encrobas, que esa es la parroquia que ocupa (aunque la cuenca minera sea la de Meirama), es hoy un enorme ecosistema de algo más de mil hectáreas. Es también un compendio de cifras, que son las que ayudan a conocer mejor a este ser ya vivo que no para de crecer en fauna y flora: poco más de dos kilómetros de largo, casi uno de ancho (unas 170 hectáreas ocupadas de lámina de agua), 150 hectómetros cúbicos y una orilla-playa de 400 metros.

Pero si los números impresionan, lo hace mucho más navegar sobre sus aguas. Estos días, con el sol veraniego, extremadamente azules desde cualquier óptica, rodeadas del verde de los aproximadamente 800.000 árboles que hay alrededor (medio millón fueron plantados en estos últimos años).

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El lago impacta, pero casi tanto los bosques de carballos, castaños, ameneiros, salgueiros... que se reproducen por sus extremos. Más aún si se recuerdan los trabajos mineros que hubo durante tantos años (Limeisa llegó a tener más de 500 empleados). Las especies, animales y vegetales, siguen al alza. Están catalogadas 862, según el estudio de la Estación de Hidrobioloxía Encoro do Con, de la USC. En un desplazamiento de poco más de una hora es posible cruzarse (más bien se cruzan ellos delante) con una piara de jabalíes, varias aves rapaces, liebres... Hay lobos, zorros, conejos, truchas de gran tamaño, aves migratorias cuando toca, y gaviotas que hay que espantar con profesionales...

Conectado con el embalse

Sobre el agua casi se puede tocar una imponente cascada, la del río Porto Pereira, que es el principal aporte al lago, que tiene canal de evacuación justo por el lado opuesto, hacia la cuenca del Barcés. Es por esa vía por donde se conectará con el embalse de Cecebre para los aportes de agua cuando sean necesarios, una de sus funciones. La calidad es óptima, explica un técnico del Grupo de Enxeñería da Auga e Medio Ambiente de la Universidade da Coruña, que realizan analíticas cada día (hay más de medio millón de registros) con todo lo que entra y sale. Desde hace diez años, «todos los resultados han mejorado, y en menos tiempo del previsto». No hay en Europa ningún lago minero de estas dimensiones que se use para abastecimiento.

Dar de beber será una de sus funciones, pero el lugar tiene un potencial lúdico y deportivo inmejorable. Ideas y proyectos hay. Pero, de momento, habrá que esperar. Todo el complejo sigue afectado por el dominio público minero. Es aún un espacio privado, de Gas Natural Fenosa, y cerrado, aunque se han organizado numerosas visitas (y se seguirán haciendo). Está pedida su desafectación en diciembre, y una buena parte pasará al dominio hidráulico de Augas. Será este organismo, y en su caso el Concello, el que vaya determinando qué se hace o qué se puede hacer.

Hay espacio hasta para pistas olímpicas de piragüismo. Gas Natural Fenosa trabaja con la USC para elaborar un informe económico para conocer el valor de todos sus ecosistemas, y el impacto es de unos 400 millones de euros, aunque se trata solo de un dato orientativo para conocer todo lo que puede dar de sí.

La navegación recuerda en algunos tramos a la de los Cañóns do Sil, con altos taludes que también parecen acantilados. Un silo que al principio se usó para dar cal al agua se asemeja a una baliza. Un mirador ofrece una vista de postal de un espacio que seguramente ayude al Concello en su inclusión en la Reserva da Biosfera.

El lago de Meirama, a vista de pájaro Gas Natural Fenosa ha invertido ocho años en inundar la mina de lignito para regenerar el hueco

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