Con Juan Magán y la mascarilla

M. Rodríguez LA OTRA CARA

CARBALLO

M. R.

Crónica del regreso a las pistas de baile más de año y medio después

29 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El pasado viernes volví a pisar una discoteca, más de año y medio después debido a la pandemia. Fue en la Sala Pelícano de A Coruña, el nuevo punto de marcha consagrado para muchos jóvenes de la Costa da Morte debido a su cercanía, teniendo en cuenta, además, que una gran parte de ellos cursan allí ciclos y carreras. Actuaba Juan Magán, artista que marcó a mi generación y a millones de personas en el mundo con sus pegadizas canciones. A las diez de la noche había colas para acceder al local, aunque yo fui más tarde. Tampoco mucho más, ya que a las tres de la madrugaba cerraba el chiringuito debido a las normas del covid.

Al entrar, me sorprendió gratamente que mucha gente tenía la mascarilla puesta. Pero acto seguido miré a la pista de baile y ya no sucedía lo mismo. La imagen era bastante preocupante, con muchas personas sin apenas distancia, aunque tampoco novedosa, ya que había vistos numerosos vídeos de ese establecimiento en concreto y de otros muchos, incluso en las islas Baleares, con la juventud pasando olímpicamente de las medidas. Y en los botellones, claro. En el piso de arriba, la situación ya era mejor. Ahí me quedé.

La señalización para moverse por el local en dos sentidos de circulación para evitar coincidir era muy visible y respetada por los allí presentes. No tenían tanto éxito los dispensadores de gel hidroalcohólico, de color negro, en medio de la oscuridad -siempre se puede mejorar en todo-, y muy poco usados por los usuarios.

Quería bailar, sacar el móvil para inmortalizar la actuación, pero a la vez estaba muy pendiente de mantener las distancias, algo que marcó mi regreso al ocio nocturno, sin duda. Se me hizo una situación muy rara todo ello, al igual que cantar con la máscara puesta, las dudas sobre la estancia en la barra al pedir...

Pasaba el tiempo, el calor iba a más, y la protección facial empezaba a agobiarme. Decidí quitármela un momento para coger aire, pero justo en ese preciso instante vino un trabajador y me dijo que tenía que ponérmela, algo que hice en el propio acto. La actuación de este trabajador y de cada uno de sus compañeros y compañeras me pareció lo más destacado de la noche. La labor que hacen en estos momentos es más complicada y arriesgada que nunca. Este sector, que el próximo viernes volverá al ruedo paulatinamente en Carballo, tiene que adaptarse a la nueva realidad. Bastante han sobrevivido. A ellos les toca seguir luchando y, a nosotros, echarles un cable respetando las normas para poder seguir avanzando hacia la nueva normalidad. La música y el baile nos dan una parte de la libertad que el coronavirus nos ha quitado.