Mi corazón, «partío», está en la Costa da Morte

En primera persona | «La primera vez que visité esta tierra me sucedió algo muy extraño: como si en otra vida mi cuerpo y espíritu hubiesen vagado por estos lugares. Me sentía como en casa», escribe la toledana Almudena María Puebla


Siempre me he sentido muy unida a mi tierra (Castilla La Mancha), a sus campos de amapolas, sus molinos; su tierra roja de arcilla que, moldeada por las manos sabias del alfarero, ha creado hermosas vasijas y utensilios de uso doméstico y ornamental, Don Quijote. Mi pueblo, mejor dicho, mi Puebla de Montalbán (Toledo), el río Tajo, tan vital, tan lleno de recuerdos de mi niñez, y ahora tan maltratado por la mano cruel del hombre. Un río que espero y deseo ver de nuevo con sus aguas limpias, lleno de carpas y barbos y sus riberas cuajadas de chopos y juncos para deleite de generaciones venideras.

Mi pueblo es un pueblo de ilustres personajes (Fernando de Rojas, el Cardenal Pacheco, Francisco Hernández…). En mi piel llevo tatuado el aroma de los años y el reflejo de sus calles cuajadas de misterios.

Pero un día, hace ya casi 20 años, mis pasos me llevaron a Galicia, a la Costa de la Morte, (Cundíns, Cabana, Ponteceso, Corme…), y enseguida quedé prendada de la hermosura de sus paisajes. La primera vez que visité esta tierra me sucedió algo muy extraño: era como si todo me resultara conocido, como si en otra vida mi cuerpo y mi espíritu hubiesen vagado por estos lugares y hubiese formado parte de ellos. Me sentía como en casa.

Galicia es una tierra de contrastes: mar, montaña, bosques, pequeños espacios llenos de encanto... Una tierra de olores: a salitre, a heno, a eucaliptos…; de sabores y de tonalidades perfectas. Una tierra que nunca ha perdido su identidad ni el amor a su cultura y a su lengua. Una lengua dulce, melódica, digna de cantos de trovadores como Martín Códax, que en la Edad Media ya deleitaba con sus cantigas a todos los que se acercaban a escucharlo; Rosalía de Castro y la morriña que sentía cuando estaba lejos de su terriña. Esta es sin duda una tierra que enamora al visitante, que se mete dentro de tu ser y ya nunca puedes, ni quieres, desprenderte de ella.

Creo que fue el destino quien me trajo hasta aquí y dirigió mis pasos por estos lugares. Así descubrí Cundíns y me embriagué de sus rincones, de su gente: amable, sencilla y hospitalaria. Cabana, sus maravillosas vistas a la ría; Ponteceso, tierra de los hermanos Cesáreo y Eduardo Pondal. Cesáreo dio vida, transformó y embelleció el municipio. Eduardo, insigne poeta, cuyas letras forman parte del himno de Galicia y su puente de cinco arcos al cual llegaban barcos de vela cargados de mercancías del continente americano. Ponteceso es un pueblo donde se mueve la cultura. Hay asociaciones como Ponteceso Cultura Permanente, en la que Julia Ures y otras muchas personas están realizando una labor encomiable para que la cultura sea algo vivo y llegue a todo el mundo. Corme, con sus playas acogedoras, su aldea, donde el paso de los años parece haberse detenido y nos muestra la serenidad y el misterio que guarda. El faro do Roncudo y la belleza indómita de un mar que ruge al llegar a las rocas. Un mar de naufragios, en que cientos de barcos se hundieron bajo sus aguas, pero que a la vez muestra la naturaleza en su estado más primitivo y auténtico.

Cualquier sendero de la zona guarda un encanto especial, todos tienen su impronta y personalidad propia. Los bosques, perfectos para relajarse y encontrarse con las meigas, los trasgos y las hadas que los habitan y dejarnos llevar por la imaginación sintiéndonos niños de nuevo. Sus veredas cuajadas de flores silvestres, de libélulas de todos los colores y luciérnagas que alumbran los caminos de noche. Es como vivir en un país imaginario donde la naturaleza es la reina y la protagonista de la historia.

Desde entonces, cada año vuelvo y me lleno de vida y de paz interior, porque Galicia -la Costa da Morte- es ya mi segunda casa. Ahora mi corazón está «partío», como diría Alejandro Sanz. Un pedacito de él pertenece al lugar donde nací y el otro es de Galicia, de esa Galicia que siento mía como un poblador más, porque no solo disfruto de sus paisajes y de su gastronomía, de su música tradicional (las gaitas siempre como fondo), de su alfarería (tan especial para mí), sino que también hay personas maravillosas que me han abierto su corazón y me han ofrecido su amistad y su cariño. Gracias por dejarme formar parte de este pedacito de paraíso terrenal.

Apuntes biográficos

Oriunda de Toledo, esta docente siempre supo que su pasión era la escritura, desde que, siendo niña, una buena profesora la enganchó a la lectura. Así, desde los ocho o diez años escribe poesía. «La Pequeña Estrella», «Los poemas del tiovivo», «Más allá del amor», «Me gustan las estrellas», «Mi gato se ha subido», «Páginas sueltas de un libro de amor» y «Dibujando sonrisas» son solo algunas de sus obras. Recientemente ha «descubierto» sus dotes para la pintura, con lo que también ilustra ella misma sus libros.

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