La libertad de las mujeres aún no ha tenido su oportunidad


La periodista y experta en feminismo y violencia de género Nuria Varela lo afirma en su libro Feminismo para principiantes, reflexionando a su vez sobre la gran obra del feminismo contemporáneo El segundo sexo, de Simone de Beauvoir.

En los últimos tiempos, la sociedad ha avanzado a pasos agigantados en lo que se refiere a medidas y políticas que intentan alcanzar la igualdad real en toda su plenitud. Una igualdad reconocida ya en la Constitución y en la Carta Magna de todos aquellos países a la vanguardia en la defensa de los derechos humanos. Sin embargo, la libertad de las mujeres a elegir su destino, sus profesiones o su modo de vida sigue estando coartada por una sociedad que no da tregua a sus deseos si estos suponen salirse de los preceptos marcados por cultura y una tradición patriarcal.

Recientemente, acabamos de asistir en Galicia a un nuevo suceso de violencia de género, un lamentable episodio en el que, de nuevo, la libertad de una mujer, fue anulada con tres disparos que le costaron la vida. Su voz, que pedía cambio, que buscaba quizás la felicidad, fue silenciada por un hombre que se creía con el derecho de mostrarle que ese no era el camino porque en realidad, se salía del suyo propio.

Con ella son 27 las mujeres que, en lo que va de año, han perdido su vida en España víctimas de violencia de género. De ellas, casi el 60 % convivía con su presunto asesino y solo el 20 % había presentado denuncia previa. Todas ellas sintieron quizás, en algún momento, la satisfacción dulce que te da el sentirte dueña de tu vida, pero enseguida fue truncada por sus parejas, que no dudaron ni un segundo en romper las promesas de respeto y amor que un día les hicieron.

Aún mucho por hacer

Es cierto que la sociedad ha cambiado; existe una coyuntura que -aunque queda mucho por hacer- ayuda a reforzar y empoderar a las mujeres para que se atrevan a mostrar su desacuerdo con unos estereotipos impuestos y retrógrados.

Pero es aún más cierto que el verdadero cambio, el desarrollo integral de las mujeres, su necesidad de libertad e independencia deben surgir de ellas mismas y en ese proceso es preciso que se sientan acompañadas. Defendía hace unos días la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, que son necesarios «cambios estructurales» en aras de una sociedad más igualitaria, pero que es precisa la unión y la colectividad para que estos se lleven a cabo con éxito.

Nadie debe morir defendiendo su derecho a la libertad y mucho menos, por el simple hecho de ser mujer. Es vergonzoso que existan personas que puedan segar la vida de un igual porque se crean con unos derechos que la sociedad, la cultura y la tradición les avalan.

El verdadero cambio hace tiempo que ha empezado, pero es preciso reflexionar sobre la dirección que debe tomar. Veintitrés años desde la última Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995) hacen necesaria una nueva cita en la que abordar los últimos avances internacionales y también los retos a los que se enfrenta la sociedad para saber si está realmente preparada para asumirlos. Ahí se verá si de verdad llega la oportunidad para la libertad de las mujeres.

Autor María José Imia Vázquez Periodista y técnica en igualdad

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