El monte no ha de ser una reserva para emergencias

Marta López CARBALLO / LA VOZ

CARBALLO

Ana García

OTRAS FORMAS PARA APROVECHAR EL TERRENO FORESTAL | La parcelación del terreno, el descuido en su mantenimiento y la falta de certificación de la madera lastran su rentabilidad

15 mar 2018 . Actualizado a las 12:54 h.

El terreno forestal gallego está excesivamente parcelado. Las 1.400.000 hectáreas de bosque arbolado que hay en la comunidad autónoma se dividen entre nada menos que 700.000 propietarios, una circunstancia derivada, dicen los expertos, de las sucesivas particiones testamentarias que se han venido llevando a cabo en los últimos decenios. El monte no es un recurso vivo a juicio de los propietarios, sino una reserva, «un banco ao que acudir cando hai unha emerxencia», explicaba Luis García, director de Fonteboa, en el Foro Voz celebrado en O Couto dedicado, precisamente, a este sector.

Las conclusiones de los expertos en la materia son claras: ni se está explotando como debería, ni se están aprovechando sus potencialidades. A este respecto, es muy preocupante la falta de madera certificada en Galicia, y que buena parte de los empresarios tienen que recurrir a la importación para abastecerse en sus negocios.

Manuel Beiro Lago, ingeniero forestal especializado en procesos de certificación, indica que el desconocimiento es el principal causante de que solo una mínima parte del terreno cuente con esas garantías de calidad. «Non suporía un esforzo extraordinario para os produtores», indica Beiro, y los beneficios serían incontables. Para empezar, influiría a la hora de tasar sus ejemplares, que subirían considerablemente en valor de cara a los compradores.

El empresario zasense Perfecto Fuentes, que ha especializado su negocio en la fabricación de tapones de ambientadores, tiene que lidiar con esta carencia de forma prácticamente diaria. Se le exige la utilización de maderas certificadas, y a menudo tiene que recurrir a aserraderos lugueses para cubrir su demanda.

El proceso de transición no es demasiado complicado, siempre y cuando se elija formar parte de un grupo de certificación y realizar estos trámites en conjunto. Contar con un instrumento de gestión aceptado por las autoridades pertinentes, adaptarse a los dictámenes ecologistas y adoptar unos determinados modelos silvícolas (por lo general incompatibles con el sistema minifundista típico de Galicia) son los requisitos básicos para poder certificar. El precio del trámite no es barato, «pero en todo caso non supera o euro por tonelada», explica Beiro.

Otros caminos emergentes: La resina de pino, una fuente de aprovechamiento forestal

La idea tradicional asociada a la posesión de terreno forestal suele seguir un mismo esquema: plantar, limpiar de vez en cuando y, una vez los ejemplares hayan alcanzado la edad oportuna, venderlos al mejor postor. Pero la realidad es que, en ese tiempo intermedio en el que los propietarios no obtienen ningún tipo de rentabilidad, hay alternativas factibles para no desaprovechar el terreno de monte.

Una de ellas es la obtención de resina de pino, un producto que la industria suele destinar, una vez destilada, a la fabricación de tinta de impresión y colas adhesivas.

La empresa Resega SL, cuyo ámbito de actividad se centra en la provincia de Ourense, ha impulsado una nueva técnica de extracción ecológica, sostenible y mucho más respetuosa con el tronco. Esta nueva forma de proceder -que además no devalúa el precio de los ejemplares a la hora de venderlos una vez talados- utiliza la electroestimulación con cables y la aplicación del calor con mantas térmicas para favorecer la producción de resina. Para extraerla apenas se practica una pequeña incisión en el tronco, por lo que es un método mucho menos agresivo que los tradicionales. El resultado es una resina de gran calidad y pureza, que resulta además de gran interés para la industria farmacéutica, química y agroalimentaria.

Hace apenas un par de meses los comuneros de los montes de Veigamuiños y Xagoaza (O Barco de Valdeorras) llegaron a un acuerdo con Resega para explotar la resina que producen los pinos que crecen en unas 250 hectáreas de terreno comunal. Unirse a este tipo de iniciativas no es barato, pues se requiere de una fuerte inversión inicial y de una plantación mínima de 100.000 pinos, de los cuales 70.000 deben ser adultos y tener más de 30 centímetros de diámetro, pero las primeras estimaciones en cuanto a beneficios hablan ya de sueldos de 20.000 euros al año.