Quienes mejor pueden y deben opinar de la importancia de Fitur son los profesionales del turismo que acuden cada año. Y ni siquiera así se lograría una respuesta homogénea. Generalizar es difícil: no todos los que van son del mismo sector, ni trabajan de la misma manera, ni tienen las mismas reuniones programadas, los mismos contactos o la misma preparación. Ya va en el nombre: Fitur es una feria, así que cada cual habla de ella según le va. En este caso, dada la trascendencia mundial, también hablan los que no van, pero somos así.
En veinte años de asistencia continua se va viendo de todo, en general y en relación a la Costa da Morte. De lo primero, la cita abruma. El año pasado estaban representados, de una manera o de otra, 165 países. Se acreditaron más de 7.500 periodistas de 5.000 medios de comunicación. Las citas programadas en agenda eran casi 7.000. Hubo 138.838 profesionales y los tiques para el público fueron 109.134. Sumando ambos, 244.972 participantes, de 9.893 empresas. Todos estos números se incrementaron con respecto al año anterior. En el plano político, pasaron unos 200 ministros y altas autoridades.
Los anteriores son datos oficiales y dan una idea del gigante turístico al que poco le quedan para llegar a los 40 años, y que ha superado la crisis. Igual que había años en los que no se podía andar (literalmente) en algunos pasillos, los años malos fueron deprimentes a la hora de acercarse a unos sitios y otros.
En dos decenios años ha habido muchos cambios. La irrupción de las nuevas tecnologías, de nuevos hábitos, otras maneras de divulgar o hacer negocios ha obligado a adaptarse, pero eso ha pasado en todos los sectores. Y son muchos los que, edición tras edición, Fitur les compensa si lo trabajan bien. Que hay que estar y aprovecharlo. Estar significa asistir también a actos para ver y ser vistos. Para conocer qué hacen los demás, y que otros sepan qué llevas tú. También están los políticos, naturalmente. Sé de algunos que no paran, reunión tras reunión, y otros que lo llevan más relajadamente. Pero, a la hora de elegir, una representación institucional no debería faltar en lugares como este. Si hay actos específicos, la presencia es obligatoria. Medios, empresas, profesionales diversos... Si uno tiene capacidad y producto, los concellos respectivos pueden ganar algo o mucho. Si no la tiene, no. ¿Que algunos salen a tomar algo cuando cierra la feria? Seguro. Pero lo mismo ocurriría si fuese de otro tipo, en otra ciudad, o con otros representantes. A veces las críticas van por este lado, pero la realidad es mucho más compleja. Además, en caso de que alguien quiera pasar desapercibido, el último lugar el mundo al que debe acudir esta semana es Madrid: parece que tienes mil cámaras detrás de ti. Y siendo así, lo mejor es trabajar, y a ser posible, bien y mucho.