Los dormidos en la corriente

Juan Ventura Lado Alvela
J. V. Lado EL OTRO LADO

CARBALLO

03 dic 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Si algo indican las encuestas, como la recientemente publicada por Sondaxe y los movimientos sociales que se están registrando a nivel estatal es que la gente quiere discursos políticos nuevos, limpios de la sombra de las corruptelas y capaces de conectar con las necesidades reales.

Las tres grandes fuerzas con representación en la Costa da Morte: PP, PSOE y BNG parecen todavía lejos de entenderlo y mayo del 2015 está poco más allá de la vuelta de las Navidades. Los populares siguen deshojando margaritas en Vimianzo y está por ver a dónde puede llegar la sangre de la herida abierta en Camariñas, mientras que el catálogo de caras nuevas de peso lo tienen todavía sin la portada. En la ribera socialista, aparte de los feudos que parecen atados, los movimientos para abandonar la indigencia electoral en plazas tan importantes como las de Cee, Carballo o A Laracha se fían demasiado a la larga. Y en el frente del BNG la carta de acudir como única oferta soberanista se antoja harto ingenua cuando de lo que se habla es de políticas locales, más cuando las asambleas celebradas han sido de todo menos abiertas, porque su deseo de conectar con espectros amplios de la población se quedó en el campo de los anhelos.

Con este panorama y con el hastío de los votantes a cuyos jardines no llegan los brotes verdes de Montoro, más de uno se va a llevar sorpresas importantes cuando llegue el momento de contar papeletas. La irrupción de Podemos o la que sea la marca decidida a convertir la indignación en sufragios tiene hoy más opciones de éxito que la repetición de los mismos discursos que tantas veces se han demostrado como falsos. La gente sigue tragando ruedas, pero ya no se come molinos enteros y la corriente discurre río abajo con demasiada fuerza para que sobrevivan los peces dormidos. Así que o los grandes partidos sacan el remo y enderezan las naves o dentro de seis meses podremos estar hablando de un galerna que, por otra parte, no vendría de más para remover un poco la hojarasca.