La infraestructura de los horrores

Carlos Puga

CARBALLO

CEsperemos que algún día la tan famosa autovía da Costa de Morte llegue a ser algo real. Pero la verdad es que la dichosa obra no hace más que generar noticias, y casi siempre malas. Desde que por primera vez, hace casi ocho años, el anterior gobierno bipartito de la Xunta licitó la obra, numerosos han sido los intentos de ejecutarla, sin que desgraciadamente, a día de hoy, tengamos la seguridad de cuándo será el día que podamos circular por ella.

Después de más de dos años de paralización por parte del grupo de empresas concesionaria de la obra, el propio presidente gallego tuvo a bien anunciar que se había encontrado la solución al dilema: la obra se iba a terminar pero, diremos nosotros, en pequeñito. Es decir, los más de 42 kilómetros desde Carballo a Berdoias previstos en el proyecto inicial se van a convertir en apenas 25 y el trazado de autovía propiamente dicha terminará en Baio.

Estamos tan acostumbrados a los palos y disgustos que he de confesar que la noticia ni me sorprendió y, lo que ya es decir, ni siquiera me enfadó. Como sería la cosa que hasta me dieron ganas en aquel momento de euforia de felicitar a nuestro presidente. Se me ocurrió pensar que ya que, por ejemplo, el AVE gallego también le van a quitar una vía para ahorrar, pues en nuestro caso más valía algo que nada. Espíritu de gallego sufridor del que no me puedo escapar.

Y ahora, por último, viene el BNG a presentar una denuncia por los supuestos delitos que se hayan podido cometer con esta decisión del gobierno gallego. De entrada debo adelantar que desconozco los detalles y fundamentos en que puede estar basada, pero esa denuncia me lleva a alguna consideración inicial.

En efecto, doy por supuesto que la decisión de modificación del trazado y de las características de la obra habrá sido adoptada tras analizar todas las alternativas y con el necesario apoyo en los informes jurídicos y técnicos, pues no creo que pueda haber sido como consecuencia de un arrebato de nuestros responsables políticos. Y siendo ello así, parece a primera vista difícil que puedan surgir consecuencias penales para aquellas personas que la han asumido. Ahora bien, como en los últimos tiempos parece que para que algo sea importante y salga en los medios tiene que terminar en un procedimiento penal, es posible que esta sea una vía del BNG para mantener el tema activo. Pero mi opinión es que una cosa es la responsabilidad política que puede y debe ser exigida por una chapuza como esta, que además nos quieren vender como un éxito sin precedentes, y otra muy distinta que cualquier decisión política termine pasando por el filtro de los juzgados de instrucción.