La reunión de ayer en Cee del secretario general del PP provincial, Diego Calvo, con los representantes de su partido; o la cena con simpatizantes del exalcalde de Cee Ramón Vigo el sábado indica una cosa: que ya estamos en campaña. Y no precisamente para las elecciones europeas, que si ya generaban desapego cuando Bruselas enviaba dinero a espuertas, ahora que solo manda tijeretazos son algo así como si se escogiese al presidente de Marte.
Lo que está a la vuelta de la esquina, y eso que todavía falta más de un año, son las municipales; donde verdaderamente los partidos se juegan los cuartos, las cuotas de poder real y la posibilidad de contentar a los que traen los votos para las autonómicas y las generales con algún puesto de conejal y, si hay suerte, una alcaldía.
Por eso, de aquí en adelante puede ir desengañándose porque nada pasa porque sí. El tono de las manifestaciones continuará subiendo de manera paulatina y no necesariamente porque se esté en contra de lo que propone el adversario, sino porque llega el momento de hacerse ver. Incluso algunos silencios actuales tienen ya su causa, dado que es preciso tomar posiciones y no vaya a ser que levantar la voz en exceso cierre alguna puerta en la que después haya que pararse a apretar el timbre.
El propio Partido Popular, hegemónico en las demás Administraciones, tiene en la Costa da Morte una buena espina clavada y necesita bastante trabajo para que la comarca deje de ser ese rincón en el que más alcaldías se le escapan de Galicia. Plazas como la de Vimianzo, en la que la reorganización del partido está aún por empezar, o la de Camariñas, con grietas por las que escapan votos, resultan fundamentales. Pero, con A Laracha afianzada y Carballo muy difícil de asaltar, la verdadera partida se disputa en Cee. Así que a nadie le quepa duda de que, al llegar el momento, jugarán allí buena parte de sus ases.