La conservación de la mayor parte de los BIC de la zona es deficiente

Cristina Viu Gomila
Cristina Viu CARBALLO / LA VOZ

CARBALLO

La lista de los Bens de Interese Cultural de la Costa da Morte permanece inamovible desde marzo del 2011, cuando la Consellería de Cultura incorporó los dólmenes que no estaban protegidos por la ley de 1985 del Patrimonio Histórico Español, ya que no tienen pinturas rupestres conocidas y el castro de Borneiro. También siguen igual las medidas de protección del patrimonio, que son bastante deficientes. Buena parte de los monumentos que son privados se encuentran en buen estado, pero se incumple constantemente el régimen de visitas que establece la normativa. Castillos y torres particulares están cerrados a cal y canto. Recientemente se ha sumado a esta lista de edificios inaccesibles las Torres do Allo, que la Diputación solo abre en contadas ocasiones.

Ya no queda nada de las Torres de Xallóns de Laxe y de las Torres de Viso, en el municipio de A Laracha. Ambas se suponían protegidas desde 1949. El mismo camino seguirán probablemente la Torre de Tallo y la Torre da Penela. Ambas están en manos privadas, pero se encuentran en un estado de conservación lamentable.

Asimismo corren serio peligro numerosos elementos de la iglesia y monasterio de Moraime, que es BIC desde septiembre de 1972. De bien poco ha servido esta protección. Las pinturas se encuentran en un estado deplorable.

Con respecto a los dólmenes, los últimos incorporados a la lista, como monumentos arqueológicos, la situación es más bien mala. No hay suficiente señalización, el acceso a algunos es muy difícil y la mayoría de ellos están expuestos a daños irreparables.

También tiene un cuidado deficiente el casco antiguo de Corcubión, que es el único conjunto histórico-artístico que hay en la zona. Algunas de las viviendas son auténticas ruinas y tampoco hay cuidado con la estética por lo que se refiere al mobiliario urbano.