Las castañas son los corazones del otoño, que se ha presentado de repente en la Costa da Morte. Para hacer frente al frío y a la oscuridad típica del invierno nada mejor que un puñado de frutos asados y calientes todavía acompañados de relatos de terror junto al fuego. Es casi lo que tuvieron ayer los escolares del colegio Bergantiños de Carballo que han sido de los más madrugadores en lo que a magostos se refiere. Además, para aprovechar el tiempo han sumado también las celebraciones del Samaín, rescatada del casi olvido, y de Hallowen importada de las serie americanas. Con todos estos ingredientes la asociación de padres de alumnos, que preside Javier Cotelo, montó una fiesta en la que hubo castañas, es cierto, pero en la que destacaron especialmente los disfraces.
Los alumnos del centro que es responsabilidad de Elena Civeira, se divirtieron de lo lindo toda la tarde. La verdad es que se lo pasaron de miedo y ceden hoy el testigo a sus compañeros de A Cristina, un centro que este año también estrena directora. Mónica Ferreira y el resto de los docentes han preparado muchas actividades para esta mañana en las instalaciones de A Casilla. Han decorado pasillos y clases con la ayuda de los alumnos, que también tendrán la oportunidad de comer castañas y de disfrazarse.
Sin embargo, los magostos no han empezado esta semana. Los primeros se celebraron el sábado. La asociación de vecinos Santa María de Ardaña, que preside Carmen Calvelo, montó una animada fiesta en la que hubo castañas, tanto cocidas como asadas, pero también pan de huevo y otras viandas. Carmen Calvelo aseguró que «non faltou de nada» y añadió que «non se notou a crise en absoluto».
Algo similar sucedió en Soesto. La entidad As Quenllas, de la que es responsable Paula Parga Amado. Los organizadores intentaron conseguir los frutos en los montes de la zona, pero estaban picadas y hubo que recurrir a otras compradas en El Bierzo. Salieron buenas, aunque los vecinos desconfiaban de ellas. Le aseguraron a Paula Parga que este tipo de fiestas son más adecuadas a mediados de noviembre y no cuando octubre todavía no se ha terminado. A pesar de ello dieron buena cuenta de la merienda, quizá animados por la música, que corrió a cargo de Sindo Dourado. Paula Parga reconoció que lo mejor de la tarde fue la música de acordeón y el chocolate caliente.
También en Cerceda se aseron castañas el fin de semana. Fue una fiesta para los mayores, que disfrutaron de un encuentro en el que tampoco faltó la música, que quizá ayude a olvidar un cambio de hora que ayuda a que la noche llegue mucho antes.
A partir de ahora serán muchas las asociaciones y centros educativos que trasegarán con castañas, calabazas y disfraces, todo para reunir en una única fiesta la esencia celta de Samaín, la diversión y el susto importados de Estados Unidos y la calidez y sabor de las castañas. Mejor acompañadas de un buen chocolate o de un vino dulce.