Suso de Xornes abrió un programa muy entretenido en la parroquia cabanesa
11 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Algún día, cuando se consolide del todo, habrá que estudiar las razones del éxito de una fiesta como la de Riobó, cuyo fenotipo no ayuda: muy pocas casas, por tanto pocos vecinos, y lejos de rutas habituales o de turismo veraniego. Tiene, eso sí, el peso de la historia enraizado en su nombre, Riobó, y por si sirve de algo, unos paisajes alrededor que capturan parte del alma de la Galicia rural, ya sea sueva, alta o bajomedieval, renacentista o moderna. Y una luz bañando los maizales, como la que ayer despedía la tarde, con un efecto ansiolítico que debería prescribirse.
Tiene también Riobó una gente volcada en que todo salga bien, y un Concello de Cabana que lleva años tomándose la cultura en serio, sin folclorismos pasajeros. Por eso sale bien. Por eso acuden centenares de personas de toda la comarca, con largas colas de coches aparcados en vías estrechas que, gracias a la buena organización, se solventan sin problemas.
Todo eso sería poco con un programa vacío, pero ni el cartel ni sus callejuelas lo están. El regueifeiro Suso de Xornes leyó el pregón repartido en muchas estrofas de cuatro versos, en rima asonante segundo y cuarto. Empezó así: «Moi boas tardes Cabana / xente alegre e de bos modos/ permitídeme ao comezo / que vos saúde a todos». Pero lo suyo son las regueifas, y como entre el público estaba Josiño da Teixoeira, ambos se marcaron un aplaudido duelo bajo un calor que, como las actividades programadas, también era intenso.
En la plaza, eira, corral o como se quiera, los Quinquilláns escenificaron una obra con referencias históricas comarcales. Una chica con enormes zancos repartía trozos de queso entre los asistentes. Ferreiros y artesanos mostraban y vendían sus creaciones con puestos repartidos en torno al centro. Gaiteiros, el grupo Malante, Raigañas, espacio de juegos para niños, gastronomía de todos los sabores... Así se fue yendo la tarde hasta que llegó el plato fuerte, el de siempre: las bodas. Boda de rito rápido, que saca más sonrisas que lágrimas, ayer entre cuatro parejas casamenteras que, para los efectos civiles del matrimonio, tendrán otra más normal. Pero ayer se prometieron amor y cuidarse, se colocaron el anillo, y las promesas son para cumplirse, y en este caso, en la pared de la iglesia, más.
Dirigidos por Silvia Losada, llegaron a caballo, de dos en dos, Noelia Veiga Allo y José Ángel Parga Insua; Laura Castiñeira Varela y Santiago Rivera López; Paula Pinto Manzanares y Benigno Castro Rellán, y Flor González Toledo y David Rivera Riveiro. Nadie del público objetó y todos dieron su consentimiento expreso, voz en grito. Y además sacaron los móviles para inmortalizarlos, un gesto muy poco medieval.
Tarde-Noite no medievo Riobó